Un sector contra las cuerdas

Carta al 'president' Aragonès

El nuevo Govern debería ponerse en el lugar de los restauradores cuyos negocios están ubicados en centros comerciales: cerrados desde octubre y asumiendo todos los gastos

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Pere Aragonès, candidato a la presidente de la Generalitat

Pere Aragonès, candidato a la presidente de la Generalitat

Para cuando se publiquen estas líneas, Pere Aragonès habrá sido investido 'president' de la Generalitat de Catalunya o lo será en breve. Felicidades, 'president'. Es el único desenlace que parece plausible para la ópera bufa a la que asistimos los ciudadanos, pasmados, cuando ha pasado más de un mes desde las elecciones. Sin duda, una nueva demostración de hasta qué punto las preocupaciones de nuestros políticos no siempre tienen algo que ver con los problemas reales de la gente.

El defecto no es exclusivo de nuestros gobernantes y debemos hacerlo extensible a toda la clase política, aunque no por ello resulta menos lacerante. Los que habitan en el Palau, los que se reúnen en sus despachos y cuchichean por sus pasillos perciben la angustia ciudadana desde la lejanía, amortiguada por la comodidad del sueldo público. El nuevo titular de la Generalitat hará bien apartando a su corte de asesores, que suele esforzarse en minimizar cualquier atisbo de contestación que pueda entorpecer el paso triunfal del líder, y enfrentando la realidad de Catalunya con sincera vocación de servicio público. Poniéndose en el lugar de la ciudadanía, en definitiva. Nos ofrecemos a acompañarle, 'president'. 

Póngase en el lugar de los restauradores cuyos negocios están ubicados en centros comerciales. No han servido ni un agua con gas desde el 16 de octubre del año pasado. Lo único que han hecho desde ese día es pagar alquileres, impuestos, tasas, suministros, etcétera. Con los meses algunas restricciones se han ido relajando; las que les afectan a ellos, no. Los catalanes podemos sentarnos en la terraza de un bar, coger el coche y cruzar Catalunya, ir de tiendas o pasear por la montaña, pero no, bajo ningún concepto y de ninguna de las maneras, sentarnos a consumir en el restaurante de un centro comercial. La obsesión del Govern por clausurar estos espacios es enfermiza. 

Póngase en el lugar del restaurante que lleva casi seis meses sin servir cenas. Es muy habitual que la franja vespertina concentre más de la mitad de la facturación. Fijémonos en los trabajadores de estos locales: viven con miedo, conscientes de que la línea que separa el erte del ere es cada vez más fina. Ven cómo restaurantes de toda la vida y con una clientela más que consolidada han bajado la persiana para siempre (el último, el Senyor Parellada). Saben que mañana les puede tocar a ellos. Cuando se tienen familia e hijos–como también es su caso, 'president'–, la perspectiva de quedarse en el paro en un momento de crisis sistémica es aterradora. Se ilusionaron al oír al Govern hablando de revisar el toque de queda y de ampliar horarios para que se pudiera ir a cenar. Salut ya se ha encargado de enterrar cualquier destello de optimismo

Póngase en el lugar del restaurador que invirtió todo lo que tenía en montar su propio negocio y que, con mucho esfuerzo, consiguió hacerlo viable. Se endeudó para sobrevivir a lo que parecía un bache de varios meses y lo ha seguido haciendo, y hasta niveles que rozan lo temerario, a lo largo del año que llevamos de pandemia. La empresa se ha convertido en un monstruo insaciable que devora cualquier tipo de ingreso: ahorros, líneas de crédito, ayudas públicas, subvenciones, etcétera. Muchos de estos emprendedores, que en otro tiempo crearon decenas y decenas de puestos de trabajo, llevan meses saliendo adelante gracias a la caridad de familiares, amigos y entidades del tercer sector. Por si no fuera poco, el Govern les continúa pidiendo sacrificios mientras prorroga las restricciones. Las prorroga cuando la pandemia empeora, porque “hay demasiados contagios o demasiada presión asistencial”, y también cuando mejora, porque “debemos ser prudentes”. Y así, prórroga a prórroga, se va tensando la soga que asfixia a los restauradores. 

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Le deseo, 'president' Aragonès, mucha suerte y aciertos en el desempeño de la responsabilidad que tiene por delante. Recibe un país hundido desde el punto de vista económico y con un tejido empresarial extenuado y desmoralizado, algo que ya sabe después de haber sido 'vicepresident' y 'conseller' de Economía en la anterior legislatura. El inicio de su presidencia le brinda la oportunidad de reajustar determinadas asunciones sobre la interrelación entre salud y economía. Los restauradores anhelamos un cambio de rumbo inmediato; la ciudadanía, que es adulta, ya hace tiempo que lo practica. Está en sus manos, 'president'.