Lectura

Que empiece Sant Jordi

Ahora es el momento ideal para ir empezando a pensar qué libro querremos compartir, desde ya mismo y para siempre, con esa persona especial

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Una jornada de Sant Jordi en las Ramblas de Barcelona. 

Una jornada de Sant Jordi en las Ramblas de Barcelona.  / EL PERIÓDICO

A veces pasa que entra un cliente en la librería, se toma su tiempo para elegir un libro y en el momento de pagarlo nos pide que le demos el sobre de regalo aparte, que ya lo envolverá él, que se lo quiere leer antes de dárselo a quien toque. Eso es justo lo que pasó hace unos días, con el comentario añadido este año por primera vez de que era el regalo de Sant Jordi.

Hay maneras y maneras de hacer regalos. De cuando trabajaba en una tienda de ropa, recuerdo la histeria de la víspera de Navidad, cuando algunos entraban, te pedían por una talla concreta de camisa y cuando les decías que se habían acabado te respondían: “Pues me llevaré estos calcetines mismos. Envuélvelos de regalo”. La compra hecha en medio minuto y adiós.

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Con los libros, la cosa suele ser más pensada siempre que se quiera algo más que el tocho que acabas de ver anunciado en el 'TN', probablemente escrito por el hombre del tiempo del mismo 'TN' o peor. La gente suele venir buscando bien alguna cosa que ya ha leído, ha disfrutado y quiere compartir con alguien; o bien, como el cliente que comentaba antes, algún título que piensa que les gustará a ambos -regalador y regalado- y que seguramente acabará dando pie a una o unas cuantas conversaciones posteriores a su lectura.

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Me gusta pensar que estas conversaciones posteriores son parte también del regalo en sí y que regalar de esta manera es regalarse también a dos bandas el hecho de tener un rinconcito más del cerebro compartido con esa persona.

Esta manera de regalar exige más tiempo, claro, que aquella de quedarse con los primeros calcetines que veas. Y ahora, a cuatro semanas de Sant Jordi, sería el momento ideal para ir empezando a pensar qué libro querremos compartir, desde ya mismo y para siempre, con esa persona especial. Pensad que las librerías están abiertas, que muchísimos libros que no hemos leído ya están ahí y que es ahora cuando aún quedan días de poca congestión, de aforos aún practicables y de tardes y mañanas tranquilas de pasear, rebuscar y preguntar para acabar haciendo una compra bien pensada.