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Restaurantes con bola negra

Recurso ante el Tribunal Superior de Justícia por la discriminación que sufren los locales de restauración de los centros comerciales

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Restaurantes con bola negra

Conocida es la fuerte crisis que sufren los bares y restaurantes debido a las obligadas restricciones a las libertades para combatir el coronavirus. Estos establecimientos han estado cerrados mucho tiempo y aún hoy tienen muy limitada su actividad. Ni pueden abrir todas las horas ni pueden servir cenas.

Pero en Catalunya hay bares y restaurantes que no solo están sometidos a estas restricciones, sino que incluso tienen prohibida toda su actividad. Son los que el decreto de marzo de la Generalitat define como “locales y establecimientos de restauración integrados en centros, galerías o recintos comerciales”. Al contrario que la generalidad de restaurantes, estos siguen cerrados a cal y canto. Desde el confinamiento de marzo del 2020 solo han podido abrir dos semanas y desde octubre están cerrados ininterrumpidamente. 

Un restaurante de la Boqueria puede abrir con restricciones, pero abrir, mientras que otro situado en la amplia y emblemática Illa-Diagonal debe continuar cerrado

Y, claro, este cierre total daña seriamente la vida de estos restaurantes, que deben seguir pagando alquileres, facturas de servicios, impuestos municipales y estatales y las cuotas de Seguridad Social de sus trabajadores. Y muchos de ellos no pueden acogerse a ninguna ayuda porque su situación les ha impedido estar al día de sus obligaciones fiscales. Una restauradora de éxito en un gran centro comercial barcelonés me confiesa que la situación es ya insostenible y puede acabar con muchos puestos de trabajo.

En Catalunya hay unos 50 centros comerciales en los que trabajan unos 400 bares y restaurantes con algunos miles de trabajadores que, en casi todos los casos, tienen el pico de actividad de lunes a viernes. Y la apertura parcial de todos los bares y restaurantes ha discriminado y dejado al margen a los de los centros comerciales. Son “restaurantes con bola negra” como se autocalifica uno de los más desesperados ante la casi segura extinción de su negocio y su medio de vida. 

Tanto es así que el Gremio de Restauración de Barcelona ha presentado ante el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya un recurso contencioso-administrativo solicitando la adopción de medidas cautelarísimas contra el decreto de la Generalitat que prorroga la prohibición total de la actividad a esta categoría de bares y restaurantes.

El recurso se fundamenta en el trato discriminatorio que sufren respecto de la mayoría de sus competidores, incluidos los situados en un club deportivo o un mercado municipal. ¿Por qué están penalizados estos establecimientos sin que el decreto de la Generalitat justifique las razones de tan específico castigo? Un restaurante de la Boqueria, o de los muy atractivos del remodelado mercado del Ninot, puede abrir con restricciones, pero abrir, mientras que otro situado en la amplia y emblemática Illa-Diagonal debe continuar sin abrir. Un bar del mercado Galvany puede servir cafés y bocadillos con casi total normalidad -la mayoría de los mercados tienen poca actividad por la tarde- mientras que su homólogo de cualquier centro comercial catalán lleva ya cinco meses cerrado. Y lo mismo pasa respecto de los bares y restaurantes ubicados en un edificio de oficinas o en cualquier club deportivo, por ejemplo el Real Club de Polo. 

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