Feminismo

Mujeres en las calles contra el odio

Las protestas de Londres ante un crimen brutal y las marchas en Australia contra el sexismo en el Parlamento son una réplica más intensa del 8M

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Protesta por la falta de seguridad en las calles de Londres

Protesta por la falta de seguridad en las calles de Londres / REUTERS/Clodagh Kilcoyne

Seis mujeres de origen asiático fueron abatidas por un tirador en Atlanta, que también mató a otras dos personas que se encontraban en la zona de spas donde decidió atacar. Las nuevas formas de polarización llevan a la arena del odio las diferencias. Primero se investigó un posible móvil racista, a partir de las estadísticas crecientes de agresiones y abusos a la comunidad asiática que reside en EEUU. Solo poco a poco ha ido asomando otra motivación detrás del tiroteo, el odio a las mujeres, a su sexo. “Tuvo un mal día”, afirmó torpemente el jefe de policía al frente del caso, de una forma inquietantemente parecida a aquella como se explicaban los crímenes machistas hace dos décadas: fue un arrebato, un crimen pasional.

¿Cómo no van a estar enfurecidas las mujeres? Atlanta se despierta de esta pesadilla la misma semana que en Londres hemos presenciado las protestas más encendidas de mujeres, desafiando incluso las restricciones del confinamiento y enfrentándose a la policía, por la falta de seguridad que sienten en las calles. La chispa de la rabia ha sido el brutal asesinato de una mujer de 33 años, Sarah Everard, que fue secuestrada cuando cruzaba en solitario un parque. Su cadáver fue hallado semanas después en una zona boscosa. ¿Cuánto hace que hablamos de arquitectura de género, de la necesaria adaptación de las ciudades a sus habitantes, de la falta de iluminación en las calles?. El crimen retrotrae a las épocas en que a las mujeres se les recomendaba el confinamiento cuando había un asesino suelto. Y de nuevo, el odio. Furibundas fueron las reacciones que se desató una política inglesa, la baronesa Jones, cuando planteó que a lo mejor el toque de queda se les debería aplicar a los hombres, y no llamar a las mujeres a quedarse en casa por su seguridad. 

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¿Cuántas mujeres más han de morir o ser agredidas? Las protestas se han desencadenado paradójicamente unos días después del Día de la Mujer más atípico que podemos recordar, con fuertes medidas de protección ante el coronavirus que impedían manifestaciones multitudinarias, o actos de gran formato de reivindicación. Son las protestas de Londres así una especie de 8-M en diferido, que se ha desencadenado con un hecho.

El partido de las mujeres

Y como si hubiera una conexión de hermandad entre todas las mujeres del globo, mientras Londres ardía de rabia demasiado tiempo contenida, en Australia se sucedían las protestas, con un acto central de miles de mujeres rodeando el Parlamento de Canberra, en protesta por el machismo imperante en la política del país y en en sus instituciones. Las denuncias por acoso sexual que han salpicado a un miembro del Gobierno, las situaciones de abuso que se habrían producido entre los pasillos de la cámara legislativa, se mantuvieron a escondidas durante mucho tiempo y  una vez han visto la luz han topado con una tibieza y falta de respuesta del primer ministro, Scott Morrison. 

Varias diputadas australianas del partido laborista, los verdes y los liberales han puesto en marcha un grupo de trabajo para controlar y poner fin a la cultura política que maltrata a las mujeres incluso en la institución. Si la polarización que alimenta el odio no se rebaja, quién sabe si no estamos en los albores de un partido político esencialmente feminista con capacidad, por fin, real, de escuchar a, por lo menos, la mitad de la población.