Cómplices de los malos

Ladrones y falsificadores

No conozco a nadie que no guste de las películas de robos y estafas, y queremos que a sus protagonistas les salga todo bien

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Michael C. Hall, en una imagen de ’Dexter’.

Michael C. Hall, en una imagen de ’Dexter’. / AP / RANDY TEPPER

No conozco a nadie que no guste de las películas de robos y estafas, ya sea a un banco, un millonario o un casino. En filmes como 'Oceans Eleven', 'Los timadores' o 'Atraco perfecto', todo se confabula para hacernos espectadores del crimen: la mezcla de ingenio y valor de los ladrones, la planificación exacta, el reparto del botín... Aunque sepamos que todo es falso, somos sus cómplices porque queremos que salga bien lo que hemos imaginado alguna vez —una fantasía—, pero nunca haríamos por razones morales y sociales, quizá religiosas.

Hitchcock nos enseñó a sufrir por los malos. Esta atracción culpable también surge ante un género documental en boga: el de los falsificadores de arte. En 'Made you look' (Netflix), vemos cómo una de las galerías más prestigiosas de Nueva York vendía obra falsa de Jackson Pollock o Mark Rothko, a precio de subasta, y un grupo de expertos no fue capaz de detectar el engaño. En 'Beltracchi, el gran falsificador' (Filmin), sentimos admiración por un artista que, cuando necesita dinero, falsifica un cuadro de Max Ernst, o de Léger, y con los años llegó a ganar 35 millones de euros. 'Art & Craft' (Filmin) cuenta la historia de Mark Landis, un falsificador que se considera un filántropo, porque hace donación de sus copias a museos de segunda fila, haciéndoles creer que son originales. La pericia extrema que se necesita para falsificar una obra de arte, más las ganas de dejar en evidencia a un mundo sobredimensionado, hacen que todos ellos tengan mi simpatía.

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De hecho, todo tiene que ver con la violencia como límite de la empatía. La ficción nos protege, nos sitúa en una distancia segura porque sabemos que aquello no pasa casi nunca en la vida real. En las antípodas está el caso relatado en el último 'Crims' de Carles Porta (en TV-3): el doble asesinato brutal de Abrera, en el que una pareja mató a otra —los dos hombres eran hermanos— por envidia de su vida feliz. Uno de los momentos más perturbadores era cuando se descubría que, en parte, los criminales se habían inspirado en los métodos de la serie 'Dexter', sobre un forense que es a la vez un asesino en serie. El filtro entre la realidad y la fantasía se había quebrado.