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El examen de Yolanda Díaz

Con la reforma laboral, la futura vicepresidenta afronta no solo la oposición patronal sino de parte de su Gobierno

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La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante una sesión en el Congreso de los Diputados.

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante una sesión en el Congreso de los Diputados. / E. Parra / Europa Press

Si algún activo puede lucir Pedro Sánchez en lo que lleva de mandato son los ocho acuerdos alcanzados en el marco del diálogo social. Curiosamente, quien los ha logrado es alguien que cubre la cuota gubernamental de Unidas Podemos: Yolanda Díaz, la que será vicepresidenta tercera próximamente, a la vez que mantendrá la cartera de Trabajo.

Pero no es el único activo del Ejecutivo. La responsable de la cartera de Economía y futura vicepresidenta segunda, Nadia Calviño, es otro de los pilares de Sánchez y que ha utilizado para calmar a los poderes económicos y a Bruselas. La cuestión es que sus visiones difieren.

En el nuevo escenario, sin Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros, al menos directamente, se avecinan tiempos de más pugnas soterradas entre dos grandes activos del Gobierno a cuenta de la reforma laboral (¿o ha de ser contrarreforma?).

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Díaz se juega buena parte de su brillante currículo ante la oposición de una patronal encabezada por la CEOE, que no quiere ni oír hablar de desmontar la reforma laboral del PP. Pero en este test no solo debe superar examinadores externos sino internos. Quien será su jefa directa en materia económica coincide poco con ella en este asunto. Díaz ya tuvo que guardar en un cajón la subida del salario mínimo para este año, a pesar de que la defendió con ahínco. Dicen las malas lenguas que Calviño amenazó incluso con dimitir ¿Quién sabe? En todo caso es quien lleva el timón económico.

En una entrevista con EL PERIÓDICO, la futura vicepresidenta tercera afirmaba que una primera parte de la reforma laboral se derogaría durante este año, aunque en su ministerio son muy sensibles ante verbos y palabras como "derogar" o "contrarreforma". Se trata de no herir sensibilidades ni en España ni en Bruselas. En casa, los sindicatos se temen que esto no será solo un juego de palabras, con unos patronos beligerantes y la jefa económica con otra visión. La ministra de Trabajo deberá exprimir sus dotes negociadoras e incluso de equilibrismo. Será su examen más difícil hasta ahora.