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El viejo pujolismo radical

El antiguo votante de Convergència mayor de 70 años ha experimentado un proceso de radicalización hacia la izquierda más retórico que factual, ya que sigue apoyando posturas de derecha

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Corte de la Meridiana, en septiembre del 2020.

Corte de la Meridiana, en septiembre del 2020. / ÀNGEL GARCIA

Uno de los cambios de fondo más destacados que ha comportado el proceso independentista en la política catalana ha sido el desplazamiento del conjunto del electorado hacia posiciones más a la izquierda y de mayor sentimiento de pertenencia catalana de lo que nos tenía acostumbrado en las tres décadas anteriores.

Desde los ochenta y hasta 2011 (el año no es casual) el conjunto del electorado catalán se distribuía alrededor de un centro de gravedad situado entre el centro izquierda y el centro y entre la pertenencia dual (el conjunto de los que se sentían "tan español como catalán") y el catalanismo moderado (aquellos que se sentían más catalanes que españoles).

A partir de 2012, este espacio central se ha ido desplazando año tras año hacia posiciones más a la izquierda en detrimento del centro y el centro derecha, y de un sentimiento catalán exclusivo lugar de los sentimientos de pertenencia compartida. Este cambio es visible en todas las series de encuestas. Si tomamos los años que van de 2010 hasta 2020 en los sondeos anuales del ICPS, la media del eje izquierda-derecha (medido en una escala de 1 a 7) se ha movido medio punto hacia la izquierda.El antiguo centro de gravedad del sistema político catalán en la última década ha pasado de representar el 35% del censo a sólo el 22%. En cambio, la izquierda dual o de sentimiento catalán ha pasado de concentrar una cuarta parte del censo en 2010 al 40% ahora.

Parece evidente que la responsable de este cambio de fondo ha sido la propia dinámica del 'procés', que ha ido radicalizando algunos de los segmentos del electorado, que se habrían ido desplazando paulatinamente hacia la izquierda. Ahora bien, ¿quiénes son estos votantes radicalizados? Los datos de las encuestas muestran que han sido los electores con orígenes familiares catalanes los que se han ido situando cada vez más a la izquierda. Tradicionalmente este grupo era el que se situaba más a la derecha de todos los segmentos definidos por el origen familiar (lugar de nacimiento del elector y de sus padres), mientras que los catalanes nacidos en el resto de España eran el grupo posicionado tradicionalmente más a la izquierda.

Los datos del último sondeo del ICPS, de septiembre de 2020, nos muestran un panorama radicalmente diferente. Son los electores con orígenes familiares autóctonos los que se sitúan más a la izquierda, precisamente porque han modificado significativamente su posición, mientras que el resto de grupos (y especialmente los nacidos fuera de Catalunya) no se ha movido tanto.

Pero lo más curioso de los datos es que, entre los electores con orígenes 'nostrats', los que más han variado su posición ideológica no han sido los más jóvenes, sino los más mayores, los nacidos antes de 1940. Este grupo es el que había conformado históricamente la base electoral de CiU entre los años ochenta y los primeros dos mil, y son un grupo que se ha mantenido fiel a JxCat y Junts.

Así pues, la posición más a la izquierda de Junts respecto de la CIU histórica no se debería a la conquista de un nuevo votante, más joven y radical, sino a la radicalización del propio votante a caballo de la transformación del partido, desde de posiciones centristas y de catalanismo moderado hasta el independentismo militante y el flirteo con las posiciones de 'anti-establishmen't que exhibe Junts en los últimos años. Este desplazamiento es, probablemente, lo que ha impedido que las propuestas moderadas aparecidas dentro del propio campo independentista hayan obtenido escaso rédito electoral, caso del PDECat, simplemente por el hecho de que el votante al que apelaban (el pujolista tradicional) ya no estaba allí donde había estado siempre.

Esta radicalización que han vivido los antiguos votantes pujolistas en los últimos ocho años es la que ha hecho desequilibrar todo el espacio ideológico catalán hacia posiciones más a la izquierda. No son principalmente la aparición de nuevos votantes jóvenes lo que explica el crecimiento de las posiciones de izquierda (y de extrema izquierda) y el adelgazamiento del centro (y del centro-derecha). Es la radicalización precisamente de aquellos electores que hace una década se situaban en espacios de moderación y que ahora han migrado hacia el extremo, situándose en la frontera con la CUP. Una migración que se produce cuando la gran mayoría de estos electores, por no decir todos, tienen más de 70 años y viven su jubilación.

Las propuestas moderadas han obtenido escaso rédito electoral porque el votante al que apelaban, el pujolista tradicional, ya no estaba allí donde había estado siempre

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La radicalización de este grupo hacia posiciones de izquierda se produce por contraste con la idea de que las posiciones de derecha asimilan con el nacionalismo español, mientras que la izquierda es la posición 'natural' de los independentistas, que también son 'naturalmente anti-establishment', es decir, radicales. Este radicalismo, sin embargo, es más retórico que fáctico, porque estos mismos electores, pese a su desplazamiento hacia el campo de la izquierda, siguen apoyando políticas tradicionales de la derecha (conciertos educativos, bajada de impuestos, sanidad privada) .

A pesar de que pueda ser puramente retórica, la radicalización del antiguo voto pujolista tiene consecuencias y es el elemento que ha sido marcando todo el escenario político catalán los últimos años a través de la pugna interna en la independentismo, y todo parece indicar que lo seguirá haciendo.

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