La tribuna

Una incógnita llamada Esquerra Republicana

Ha habido tantas Esquerras como vueltas ha dado la historia de Catalunya

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Pere Aragonès.

Pere Aragonès. / ACN / Gerard Artigas

La más que probable elección de Pere Aragonès como presidente de la Generalitat ha disparado las especulaciones sobre Esquerra Republicana de Catalunya. El más viejo de los partidos de la Cámara catalana es el que suscita mayores controversias y dudas acerca de cómo va a ejercer el poder. No es de extrañar. Noventa años dan para mucho. ¿Cuál es la Esquerra que puede llegar a la presidencia de la Generalitat a finales de mes? ¿La del abuelo de la formación, que viajó al Moscú de los sóviets en busca de armas para emprender la aventura de Prats de Molló? ¿La de Josep Tarradellas, capaz de firmar un decreto de colectivizaciones y de entenderse con Adolfo Suárez para recuperar las instituciones de la Generalitat? ¿La del Companys más obrerista, cercano al ‘Noi del Sucre’, la del que proclamó la República catalana el 6 de octubre, o la del que estuvo (literalmente) en el punto de mira de los sectores independentistas de su partido, durante la guerra, por no buscar un acuerdo por separado con Inglaterra? La conclusión es que ha habido tantas Esquerras como vueltas ha dado la historia de Catalunya. También hubo la de Heribert Barrera, que entregó la Generalitat a la derecha en 1980 y manchó el partido con pronunciamientos xenófobos. ¿Con cual nos quedamos?  

Ni Aragonès ni Oriol Junqueras pueden equipararse a Barrera. Este nunca hubiese dicho "yo amo a España" como exclamó Junqueras en el Tribunal Supremo, parafraseando el célebre "madrileños, Catalunya os ama" que Companys había pronunciado en la Monumental, en 1937, en homenaje a la defensa de Madrid. A Barrera jamás se le hubiese pasado por la cabeza poner de portavoz a un hombre como Gabriel Rufián, procedente de una inmigración que siempre consideró "la principal amenaza de Catalunya". La Esquerra de hoy ya no es aquel partido estrecho de militantes y de miras de los primeros años de la Transición. Las pugnas y escisiones que sufrió y el ejercicio del poder municipal fueron decantando el histórico partido de Francesc Macià hacia posiciones más cercanas al Companys más moderado, el que fue capaz de aliarse con la izquierda española a pesar de las vejaciones que sufrió por parte de Juan Negrín. De ahí surgió la Esquerra que participó en los tripartidos liderados por el PSC. Un partido capaz de modular sus alianzas, sin renunciar a su ADN independentista

Hay algo que la izquierda de Barcelona no acaba de entender. Esquerra es el partido que más se asemeja a esta Catalunya interior que tiene un gran peso electoral. Siempre ha sido así. Cuando en 1938 la Comintern le pidió a Palmiro Togliatti un informe sobre política catalana, este concluyó que, fuera de la capital, Esquerra era el partido dominante. Esquerra, no el PSUC, como pensaban muchos en Moscú. Franco también lo sabía. Por eso mandó fusilar a 42 alcaldes republicanos. Durante el reinado de Jordi Pujol, esta realidad quedó soterrada por la hegemonía convergente, pero la historia es tozuda y las tradiciones no desparecen con los años. Pujol fue un largo paréntesis. Hoy, Esquerra vuelve a ser este partido que domina en las comarcas de habla catalana predominante. Y el mayor logro de Junqueras ha sido ganar posiciones en la segunda corona metropolitana sin cuyos votos Aragonès nunca alcanzaría la Generalitat.

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¿Cual es la Esquerra que ha emergido del ‘procés’? O del fracaso del ‘procés’ como artilugio unilateral. Una ERC volátil, como siempre, que jugó con fuego en octubre del 2017, y que ha votado a una adversaria temible como presidenta del Parlament después de haber sostenido a Pedro Sánchez en la Moncloa. No hay tanta incongruencia como podría parecer. Esquerra tiene ante sí una posibilidad histórica: sumar otro presidente a la larga lista de muy honorables que atesora. Hará todo lo posible para que no se le escape esta posibilidad, con un Parlament escorado por el ‘procés’ y con un PSC al acecho. Para alcanzar la presidencia, Junqueras hará lo que haga falta. Pero el día después, intentará que Aragonès gobierne con el realismo que le exigen sus cuadros municipales en Catalunya y su posición privilegiada en Madrid. Si le deja Carles Puigdemont, que maniobrará desde el primer día para dinamitar el Gobierno y precipitar nuevas elecciones.