Líder desactivada

Borràs y la vacuidad de la retórica

La cabeza de cartel de JxCat sostiene que es el Estado el que se confronta con Catalunya, que todo es injerencia de un Estado a considerar ajeno aunque le pague el sueldo

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Laura Borràs preside la reunión de la nueva Mesa del Parlament.

Laura Borràs preside la reunión de la nueva Mesa del Parlament. / EUROPA PRESS / David Zorrakino

Ya Platón denunciaba, a propósito de Gorgias y los sofistas, el uso de la retórica como manipulación. La defendía en cambio como instrumento de búsqueda y exposición de la verdad. La retórica, y su hermana la elocuencia, pueden ser usadas con facilidad para engañar con trucos que los profanos desconocen y los profesionales consideran similares a los de un prestidigitador. Ahora, según Laura Borràs, en una inversión clásica de los términos, es el Estado el que se confronta con Catalunya. Todo es injerencia del Estado, de un Estado a considerar ajeno aunque le pague el sueldo. Pero claro, se trata de escamotear sin que se note demasiado que la pobre autonomía catalana, también el Parlament, es una concesión del Estado controlada por el Estado y que, en coherencia, debería apresurarse a denunciar en vez de presidir.

Yerran quienes confunden esta teatralización del ágora con un indicador de futuro. Borràs ha sido desactivada por los suyos mediante el curioso método de convertir una cabeza de cartel en un icono parlante, situado, eso sí en lo más alto y a partir de ahora más inoperante de la política catalana. Su tarea transita de Gorgias a Nietzsche, ya que ahora el fin de la retórica trata, y a la descarada, de dar un sentido, no al universo o ni siquiera al país, sino al mundillo de los que se empeñan en imaginar que el interior del túnel de Puigdemont contiene más luz salvífica que la pared del fondo de la cueva de Platón. Sombras del proceso, volved la cabeza, mirad hacia atrás y veréis cómo no hay más salida que la entrada. A fin de que tal cosa tarde un poco más en suceder, la retórica de Borràs es lo más indicado para mantener sobre el verdadero rostro de JxCat el velo de misterio que oculta sus facciones autonomistas.

No es muy realista preocuparse por el Parlament, ya que acostumbra a darse más visibilidad a sí misma que al pedestal donde se encarame

Mientras tanto, los dos partidos trabajan para formar un Govern capaz de recuperar un cierto prestigio entre los administrados, sobre todo entre los que comparten ideario, pero también, un poco, entre los demás. No es sencillo de entrada, pero si JxCat, una vez salvado el escollo de Borràs, consigue desactivar a Canadell y dejarlo hincado en su escaño, el camino se habrá allanado un poco más. De modo que, si como pretenden Aragonès y el verdadero líder Jordi Sànchez, el próximo Govern se dedica, en cuerpo aunque no sea en alma, a hacer mejor su trabajo que el anterior, es previsible una clara división de funciones entre la plaza de Sant Jaume y el parque, que no el circo, de la Ciutadella. En el ejecutivo, la máxima colaboración y entendimiento posibles viniendo de donde venimos, sobre todo si la mucho más preparada y razonable Elsa Artadi actúa de pareja de baile de Aragonès. En el Parlament, la caja de los truenos, no la de Pandora, con Borràs, y Canadell, si todo sale bien, calentando el aire dentro de la burbuja de la cámara, a base de confrontarse con Esquerra aún más que con el Estado y los partidos que lo defienden.

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No es muy realista pues preocuparse por el Parlament. Todavía menos los que recuerdan que, además de convertir en sinónimos los antónimos hablar y charlar, la otra especialidad de Laura Borràs, ensayada con éxito cuando dirigía de manera tan poco operativa la Institució de les Lletres Catalanes, consiste en ensalzar su imagen a base de darse mucha visibilidad, mucha más a sí misma que a cualquier pedestal donde se encarame.