Pactos tras el 14-F

Los trabajos de Aragonès

El cabeza de cartel de ERC se enfrenta a la composición del Govern con JxCat y la CUP, y si Sánchez le deja en la estacada, se presentará ante sus socios con las manos vacías

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Pere Aragonès, el sábado 13 de marzo, en la Paeria de Lleida.

Pere Aragonès, el sábado 13 de marzo, en la Paeria de Lleida. / Acn

En política las reglas de la aritmética ejercen una fuerza inapelable. Se acaban imponiendo. Así está ocurriendo en el dificultoso proceso hacia la formación del nuevo Govern, que, salvo un monumental accidente, acabará siendo presidido por Pere Aragonès. El de Pineda de Mar se convertirá, con diferencia, en el presidente más joven desde el restablecimiento de la Generalitat. 

Su paso por la vicepresidencia en la pasada legislatura no fue fácil, al contrario. Pero lo que tiene por delante se asemeja a los Doce Trabajos de Heracles (más conocido como Hércules, su nombre romano). Recordemos que tales trabajos -juzgados imposibles- le fueron impuestos a cambio de la redención.

La del 14-F fue una noche agridulce. ERC se vio superada en votos por el PSC, a lo que hay que añadir algo más relevante: no pudo sacudirse de encima a JxCat, al que sacó solo un escaño de ventaja. La aritmética -y el sentido común- obligaban a una alianza renovada con los de Carles Puigdemont. 

La negociación se ciñe, por lo tanto, a los mismos socios de la anterior legislatura, Junts y la CUP. El cabeza de cartel de ERC ha conseguido cerrar la elección de la presidencia y la mesa del Parlamento. La contrapartida es Laura Borràs, dispuesta a utilizar el Parlament para hurgar en las contradicciones republicanas. Borràs es como Torra, pero con mucha ambición.

El segundo trabajo de Hércules-Aragonès es cerrar la composición del Govern. La CUP intenta desplazarlo hacia la extrema izquierda, mientras Junts aprieta para arrancarle compromisos que desemboquen en el choque institucional con el Estado. Lo peor no es todo eso -al fin y al cabo legítimo-, sino que se intuye que muchos no han aprendido nada, que son incapaces de cambiar el chip y dejar atrás inquinas y rencores. No hablo solo de Borràs ninguneando, primero, y lanzando, después, reproches a su antecesor, Roger Torrent, sino también de los vetos a personas concretas que emponzoñan la negociación. El único signo esperanzador, la relativa discreción con que todos se están conduciendo.

Mientras tanto, siguen llegando malas noticias de Madrid. Pueden resultar letales para los republicanos, que necesitan como el aire que respiran exhibir algún resultado de su apoyo a Sánchez. El mar Báltico amenaza con helarse. (“La Bàltica s’ha glaçat”, es una expresión que se hizo usual durante el pujolismo para referirse a la cerrazón negociadora del Gobierno español).

El problema para ERC es su confianza en que “el Gobierno más progresista de la historia” dará pasos para resolver el conflicto político con Catalunya

Los acontecimientos en Murcia y sobre todo en Madrid no hacen más que enfriar unas aguas ya frías. El problema para ERC es que su narrativa y su estrategia gravitan justamente sobre lo contrario: en la confianza en que “el Gobierno más progresista de la historia” hará honor a su palabra y dará pasos para resolver el conflicto político con Catalunya. Esquerra teme, de hecho le ha empezado a entrar el pánico, que Sánchez la deje en la estacada. Para muestra, las dramáticas amenazas -que hay que entender como imploraciones- al ejecutivo de Sánchez lanzadas por Gabriel Rufián hace pocos días en el Congreso.

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Ciudadanos parece destinado a seguir desguazándose, eso si no colapsa súbitamente. La extinción del partido naranja abre un espacio a la derecha del PSOE por el que este sin duda va a luchar. En realidad este movimiento hace tiempo que está en marcha.

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El objetivo estratégico de Sánchez pasa por aligerar el pesado yugo que para él suponen sus socios actuales, anhelo que la sorprendente salida de Pablo Iglesias del Ejecutivo central facilita. Si finalmente el aznarismo, que no es solo Díaz Ayuso, logra romper las resistencias internas y acercar al PP a Vox -algo que depende en gran medida de lo que ocurra en las elecciones del 4 de mayo-, la eventual ocupación del territorio político de Ciudadanos será todavía más tentadora para el PSOE.

Que la maniobra de Sánchez siga adelante y se consolide supone una auténtica calamidad para Aragonès. Si los indultos y la reforma del delito de sedición siguen retrasándose, si la mesa de diálogo Estado-Generalitat sigue averiada, si ERC continúa con las manos vacías, Junts per Catalunya y la CUP no dudarán, visto lo visto hasta hoy, en abandonar cualquier buen propósito y sentido de la responsabilidad y lanzarse sobre ERC.