Acto prohibido el 8-M

La peligrosa estupidez

El veto de Montero a entrar en un colegio de Madrid por sus ideas es algo más serio que una anécdota del rifirrafe capitalino

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Casado, Ayuso y Almeida.

Casado, Ayuso y Almeida. / JOSÉ LUIS ROCA

“Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes llenos de dudas”. Esta frase de Bertrand Russell aparece en un librito delicioso, 'Breve tratado sobre la estupidez humana', que se me antoja de lectura imprescindible en estos ajetreados tiempos. Lo que ya no tengo claro es si eso será suficiente para frenar el creciente caudal de indignación y desapego hacia la política. O para conjurar la amenaza de que la confrontación a cara de perro y la guerra sucia acaben colonizando -si no lo han hecho ya- el espacio público.

Sé que la memoria es frágil y que este país ha vivido terremotos de gran magnitud y episodios muy indecentes; pero que se repitan sin ningún pudor en plena emergencia sanitaria, social y económica supera todos los registros. No voy a insistir en episodios ya conocidos, pero al inicio de esta enloquecida semana ocurrió algo en Madrid que quizás debimos interpretar como algo más serio que una anécdota del rifirrafe capitalino. El 8 de marzo, ese Día de la Mujer que la ultraderecha intenta borrar del calendario igual que los murales que no le gustan, la ministra Irene Montero no pudo entrar en un colegio de Madrid, la capital de la libertad, según su presidenta. Es decir, un Gobierno democrático vetó a una integrante de otro Gobierno democrático el acceso a un centro público porque no comparte sus ideas. Y fue el propio alcalde de Madrid quien lo explicó con absoluto desparpajo. El mismo alcalde, por cierto, que participó en un programa de televisión dentro de un centro escolar, donde a preguntas de los niños proclamó que era más importante reconstruir Notre-Dame que salvar la Amazonia. ¿Quién dijo adoctrinamiento?

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En fin, visto que la turboderecha surgida de la malhadada foto de Colón no repara en gastos -nunca mejor dicho-, habrá que poner en solfa otra cita del libro. Esta es de Mark Twain: “Nunca discutas con un estúpido. Te hará descender a su nivel y ahí te gana por experiencia”. Vale. Pues entonces, ¿qué hacemos?