Análisis

La deriva de Siria

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Una refugiada siria, exhausta, pasa con sus hijos a Turquía. / AFP / BULENT KILIC

Sin nada que celebrar, se cumplen diez años. Una década desde que el último aliento de las primaveras árabes impregnara de protestas las calles de Damasco. Aquel vendaval que acabó llevándose a los autócratas en Túnez y Egipto, pasó en Siria de la protesta contra el régimen de Bashar el Asad a una guerra civil. La irrupción más tardía entre los países árabes, pero su deriva ha sido la más intensa y su caída la más profunda.

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Las cifras son espeluznantes: más de la mitad de la población ha sido forzada a abandonar sus casas; de ellos casi siete millones son refugiados, unos cuantos rechazados por Europa y expulsados de nuevo para malvivir principalmente en Turquía, Jordania y el Líbano. Nadie estamos exentos de culpa. Mientras se cerraban aquellas ventanas abiertas a la primavera, cuando en Europa saludábamos que el mundo árabe abrazara las democracias, lo cierto es que abandonamos a Siria a la deriva. Bashar al Asad sabía que una protesta pacífica que reclamaba reformas podía acabar con su régimen totalitario. Ya les había sucedido a sus colegas en el norte de África, muchos de ellos con la protección de Occidente de la que él no disfrutaba, pero Al Asad tenía un plan. De hecho, analizando el actual conflicto en Siria, podemos pensar que posiblemente fue el único que contase con uno. Radicalizó el conflicto hasta que demostró que era o él o el terrorismo islámico. Solo tuvo que apoyarse en Vladímir Putin y calcar la estrategia que ya había puesto en práctica en Chechenia. Infiltrando a líderes del Estado Islámico entre los rebeldes llevaría a occidente al temor y al silencio.

El resultado una década después es que aunque la guerra abierta solo afecte a una parte pequeña del país, la paz ni ha llegado ni es posible en ninguno de sus rincones. Pero la inseguridad no solo afecta a Siria. Con el equilibrio de poder en Oriente Medio trasladado de Estados Unidos a Rusia, el legado de esta guerra es tan global como la indiferencia con que la seguimos una década después.