Locura institucional y populismo de manual

Mientras la ciudadanía intenta lidiar con los estragos en el empleo y las empresas o la enervante espera del turno de vacunación, la política decide entregarse al desvarío

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Casado, en primer plano, y Arrimadas, durante el acto de homenaje a las víctimas del 11-M.

Casado, en primer plano, y Arrimadas, durante el acto de homenaje a las víctimas del 11-M.

La perturbación de la salud mental individual es una desgracia. Si el trastorno afecta a una colectividad, es una catástrofe. Cuando adquiere dimensión institucional, entonces es una aberración. 

Un año después, el 30% de la población está sufriendo algún trastorno mental causado por la acometida sanitaria, económica y social de la pandemia: insomnio, ansiedad, depresión, estrés postraumático. La depresión se triplicó en Catalunya en 2020. La ansiedad se cuadruplicó. También han multiplicado por cuatro el trabajo algunas unidades hospitalarias de psiquiatría pediátrica, con alarma creciente por el incremento de intentos de suicidio entre niños y adolescentes.

Mientras la ciudadanía intenta lidiar con estos parámetros y otros no menos dolientes, como los estragos en el empleo y las empresas o la enervante espera del turno de vacunación, la política decide entregarse al desvarío. 

Cadáver político

Ciudadanos quedó herido de gravedad por la osadía y la torpeza estratégica de Rivera. Un año y medio después, su sucesora, Arrimadas, puede haberse cavado la fosa con la chapucería de Murcia. Arrimadas pretendía cobrarse varias piezas de un solo disparo: ganar una presidencia regional y alguna alcaldía; subrayar la condición centrista de Cs como partido capaz de pactar a diestra y siniestra; arrinconar al PP en la esquina de Vox, y colocarse en posición de relevo de ERC en la orla que da estabilidad al Gobierno de Sánchez, pese al rechazo de Podemos.

En lugar de eso, Ciudadanos ha sido desalojado de dos gobiernos regionales (Murcia y Madrid) y Arrimadas se asemeja mucho en estos momentos a un cadáver político andante.

Perdedor seguro

En el PP, Casado da su enésimo tropiezo. Adiós, de nuevo, al plan de moderación de la línea ideológica del partido. Ayuso tiene sus propios planes y, sobre todo, una ambición. El error de Arrimadas en Murcia le brinda a Ayuso el pretexto que ansiaba para adelantar las elecciones en Madrid (a expensas de la decisión de la justicia) y fagocitar a Cs. Alcanzar la mayoría absoluta siempre es un objetivo, pero se antoja más realista gobernar con la única dependencia de la extrema derecha, lo cual no le supone una especial incomodidad a Ayuso. Si le sale bien, se anotará un triunfo personal y la estación siguiente será el liderazgo nacional del PP. Si le sale mal, no le resultará complicado endosarle el fracaso a Casado. Este pierde, se ponga como se ponga.

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El laboratorio de la Moncloa también se ha cubierto de gloria con el fiasco murciano. Con ERC aprisionada en el bucle procesista por la renovada alianza con los irredentos de Puigdemont, le convenía un caballo de repuesto en el Congreso. Esto, con Cs convulsionando, va a ser ahora mucho más difícil. Suerte tiene Sánchez de tener Presupuestos para agotar la legislatura. Pero, cuidado, esto no le garantiza la estabilidad imprescindible para la necesaria recuperación.

Abascal se relame en su esquina. Sabe que este juego demente de tacticismo indigente y transfuguismo de doble dirección en medio de una emergencia social jamás vista desacredita la democracia y, en consecuencia, le beneficia a él. Locura institucional y populismo de manual.