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Pompa, disgusto y circunstancia

El clan encabezado por Isabel II no ceja en su empeño de ser el centro de atención mundial a su pesar

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Meghan Markle y el príncipe Harry, con Oprah Winfrey.

Meghan Markle y el príncipe Harry, con Oprah Winfrey. / Atresmedia

Todo lo que las monarquías tienen de anacrónicas y reprobables cuando no son ejemplares, lo han tenido de fascinantes y seductoras para la fantasía popular. Y por encima de todas ellas, la británica. No en vano es la única a la que el rey Faruk de Egipto auguró supervivencia cuando, camino del exilio, redujo el resto a los reyes de la baraja. Mientras, la titular del trono de Inglaterra ve desfilar a sus primeros ministros, hasta 14, y ha recibido a otros tantos presidentes de los aliados Estados Unidos. Imperturbable aparente, hoy se siente entristecida y preocupada. Uno de sus nietos le ha dado un disgusto.

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Pasta de papel cuché y escándalo de prensa amarilla, atractivo para Hollywood y presa de programas del corazón y otras vísceras, éxito para Netflix y deseo del resto de plataformas, mina para humoristas y maldición de las redes sociales, el clan encabezado por Isabel II no ceja en su empeño de ser el centro de atención mundial a su pesar. Y ahora, a los 25 años de la polémica y reveladora entrevista de Diana Spencer a la BBC, su hijo menor las emprende contra Buckingham Palace a través de la CBS. Las confesiones de Enrique y su esposa Meghan Markle van sumando millones de espectadores acumuladas las audiencias de ambos lados del Atlántico, a la espera de otras emisiones en otros países como las de este sábado en Antena 3 y laSexta. Pero es que además han vuelto a dividir a los británicos, necesitados de tomar partido por una de las partes, y hacen reverberar los ecos de aquel ‘annus horribilis’ que lamentó la inspiradora de ‘The Crown’ hace casi tres décadas.

Bulímicas y suicidas

Y allí donde Lady D lamentaba que tres en un matrimonio eran multitud, ahora su nuera lo hace por los hirientes comentarios a causa del color de su piel. Y si a la esposa del príncipe Carlos los problemas anímicos y emocionales la convirtieron en bulímica, a la de su hijo Enrique le promovieron ideas de suicidio. El culebrón sigue y la continuación de la serie promete. A los guionistas no les falta material. Incluso para relacionar pasado y presente de la actriz, hoy duquesa de Sussex, podrían echar mano de algunos de los jugosos diálogos que como Rachel mantenía con Mike en la serie ‘Suits’. Por ejemplo, observado desde la distancia californiana su ingreso en las élites aristocráticas londinenses, recuperando la misma frase que le espeta a su recién conocido compañero de bufete: “Ahora que ya has flirteado conmigo ya puedo decirte que no me interesas”.

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Lluís Foix i Carnicé (Rocafort de Vallbona 1943) acaba de publicar ‘Una mirada anglesa’ (Columna). Una evocación del Reino Unido de sus siete años de corresponsal, que le permitieron viajar por todo el mundo anglosajón. Una serie de capítulos entre evocadores y pedagógicos, divulgativos y nostálgicos de una sociedad que critica a su realeza con la misma insistencia que la idolatra. Forma parte de su paisaje. Como William Shakespeare o Agatha Christie, la lenta decadencia o el Big Ben. Y la preserva como un elemento más de lo mucho que mantiene por tradición. Lo que la convierte en una sociedad conservadora porque, dice Lluís, tiene mucho a conservar.

La crisis provocada por Enrique y Meghan no está en el libro pero sí los antecedentes que presagiaban la tempestad. La pompa y circunstancia que se disgusta con quienes no se adaptan a ella.

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