El 'caso Nevenka'

Yo tampoco

Asumimos el discurso del patriarcado y lo asimilamos como propio. Y las víctimas de entonces, hoy con voz, se tienen que escuchar. No hay excusas

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Una joven Nevenka en el 2001

Una joven Nevenka en el 2001 / NETFLIX

Quizás digo una obviedad, pero la diré igualmente: no siempre he sido feminista. No nací feminista. En mi casa no hablamos nunca de feminismo. No fui educada en los valores del feminismo. Nadie veló por señalarme la romantización del poder y del abuso, nadie hizo pedagogía conmigo, nadie me mostró la ausencia de nombres de mujeres en los libros de historia, nadie procuró que entendiera que por el hecho de ser una niña, una chica y una mujer tendría más dificultades.

Más bien al contrario: medios de comunicación, escuela, cultura y conversaciones de sobremesa reforzaban estereotipos, cuestionaban víctimas y ponían en entredicho cualquier pensamiento crítico con el sistema patriarcal. No fue espontáneo, esto de empezar a entender de qué iba el feminismo. Ni siquiera cuando sufrí la violencia machista física y psicológica fui consciente de que la raíz de aquella violencia era patriarcal y que el género, la dominación y el poder eran partícipes.

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Lo digo porque con los casos que salen hoy, con retrospectiva, o mirando atrás y sabiendo cómo reaccionaba la masa crítica en casos como el de Nevenka Fernández (gracias a la miniserie de Netflix), hay que recordarlo. En el documental salen señoras apoyando al agresor —un alcalde respetado y admirado— y acusando a la agredida —una mujer joven a quien le han hecho el favor de dejarla participar de la política—. Que ellas no permitirían ningún abuso, gritan. También lo dicen, años después, desde fiscalía. ¿Por qué no marchó antes? Nevenka dice que por dignidad. El fiscal considera que precisamente por dignidad tendría que haber marchado inmediatamente. La dignidad, entonces, ya tenía significados diferentes. Que Nevenka, sin el apoyo social que hubiera recibido hoy, decidiera denunciar, es de una valentía extraordinaria.

Asumimos el discurso del patriarcado. No solo lo asumimos: lo asimilamos como propio. Entonces no lo entendíamos. Pero ahora sí. Y las víctimas de entonces, hoy con voz, se tienen que escuchar. No hay excusas. El juicio social no puede, de nuevo, poner el foco en las víctimas y quienes las acompaña.