Autoengañados

La asignatura pendiente del constitucionalismo catalán

La tarea de rompehielos que ha asumido ERC en el independentismo no ha sido correspondida por el PSC en su campo

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Illa lamenta que el independentismo busque repetir una fórmula fracasada. / PSC / VÍDEO: EFE

Afirman los terapeutas que ningún paciente encara bien la rehabilitación sin haber asumido previamente su 'realidad'. Con permiso para esta burda analogía respecto al momento político catalán, se puede deducir hasta qué punto las fuerzas llamadas constitucionalistas se hallan instaladas en un escenario absolutamente improductivo. Confortable, por supuesto, porque andan bien arropados entre los algodones de los argumentos compartidos con el independentismo de raíz republicana, que remarcan la necesidad de acertar en las respuestas a la reconstrucción de la Catalunya postpandémica. Medidas, por otra parte, de aplicación urgente, que no se limiten a sortear el temporal coyuntural y garanticen la sostenibilidad del modelo económico y social.

De ahí la conveniencia de un Gobierno que lidere actuaciones que vayan más allá de la estricta competencia de las administraciones y den protagonismo a las entidades sociales, económicas, culturales y del mundo del trabajo.

Sería lamentable, pues, que todo ello se viera dinamitado por la consolidación de un posicionamiento mayoritario en el pensamiento constitucionalista catalán que esconde la realidad completa. Déficit que se hace más evidente por contraposición con los deberes acometidos por parte del republicanismo catalán que posiblemente ostentará la presidencia de la Generalitat.

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Porque no puede negarse que Pere Aragonès lidera nuevas premisas, de parto difícil atendiendo al 'pressing' sufrido por el republicanismo durante los últimos tres años por parte Junts per Catalunya y por el desinterés del Gobierno español a la hora de finiquitar los escenarios represivos. A pesar de todo ello, Esquerra Republicana ha enterrado el 'tenim pressa', la unilateralidad estrictu sensu, las  piruetas estratégicas construidas bajo el simbolismo patriótico, así como las lecturas sesgadas de la sociedad catalana. De hecho, esta evolución del republicanismo catalán explica los resultados electorales exitosos tanto en lo que afecta a las cifras globales como a su homogénea distribución territorial.

Desgraciadamente, esta tarea de rompehielos en el ámbito independentista no ha sido asumida por el PSC en el ámbito del constitucionalismo catalán, empeñado en continuar bloqueado en el espejismo que el "éxito colectivo" puede darse sin contemplar la inclusión, también, de la demanda del independentismo. Dar por hecho que para alcanzar una solución "válida para todos" solo se requiere hacer realidad (cuando se den mejores condiciones en las Cortes) los legítimos anhelos de progreso nacional de los catalanes autonomistas/federalistas rayaría con el cinismo si no fuera tan solo el reflejo  de un autoengaño fruto de su propia impotencia ante el inmovilismo de un Estado que se les resiste. ¡Incluso a ellos! De nada va a servir al constitucionalismo catalán pretender abanderar las necesidades inmediatas y urgentes y labrar la unidad del pueblo catalán, si se limita a abordar una realidad que excluye la mitad, o más, de los ciudadanos hoy en día manifiestamente independentistas.

Esquerra Republicana ha enterrado el 'tenim pressa', la unilateralidad estrictu sensu, las  piruetas estratégicas construidas bajo el simbolismo patriótico, así como las lecturas sesgadas de la sociedad catalana

La sociedad española y sus instituciones se hayan en un momento crucial. Desafíos globales, urgentes y de gran trascendencia amenazan su lugar en el mundo. Los engranajes del aparato estatal rechinan, su deuda paraliza potencialidades y su mundo empresarial y su oligarquía económica especula más que compite en el capitalismo global. Retos enormes, agudizados por la existencia del 'problema catalán', que aun cuando ha sido definido por la diplomacia española como cuestión interna y doméstica, gripa presente y futuro.

La proyección catalana de este 'cul-de-sac' español toma cuerpo en el socialismo catalán que, pese a haber ganado las elecciones, no solo no podrá conformar Gobierno sino que renuncia a alcanzar la hegemonía en el futuro al no atreverse a asumir que las dos opciones mayoritarias en Catalunya deberán estar representadas en la solución a construir desde el momento cero.

Dar por hecho que para alcanzar una solución "válida para todos" solo se requiere hacer realidad los legítimos anhelos de progreso nacional de los catalanes autonomistas/federalistas rayaría con el cinismo si no fuese autoengaño

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El republicanismo y el socialismo catalán están condenados a competir, sin duda, pero a la vez están destinados, tarde o temprano, a emprender una acción política basada en el no bloqueo parlamentario de cada una de las partes con el objetivo de construir soluciones paralelas que finalmente puedan ser evaluadas por la ciudadanía en una urna. El primero ha iniciado el trayecto enmendando la estrategia de 2017. Los segundos siguen empeñados en negar la inclusión de la opción de los independentistas. 

De ahí la necesidad de no engañar al terapeuta.