Sororidad

Amigas

Soportan equipos, personajes con aires de grandeza y compañeros mediocres que cobran más que ellas para hacer la mitad de trabajo

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Imagen icónica del feminismo.

Imagen icónica del feminismo. / Archivo (El Periódico)

Con los dedos en los teclados y los sentidos activados, destapan historias que no encontramos en ninguna parte. Con las manos en los pinceles, en los rotuladores o los esprais, plasman artísticamente aquello que nos sale de las entrañas. Cogen micrófonos y sus pies, cámaras y sus trípodes para grabar, capturar y eternizar imágenes, momentos y personas. Cogen escobas, estropajos, parches y fregonas para limpiar la mierda inmunda de un mundo en crisis. Educan y cuidan niños y adolescentes con la esperanza entre los dientes y buscan oportunidades y se pelean con la burocracia para evitar perpetuar la miseria con la urgencia entre los puños. Con sus piernas recorren calles, oficinas, despachos e instituciones persiguiendo unos papeles inexistentes como sus derechos. De sus cuerpos han salido, salen y saldrán futuras nosotras con pulmones pequeños, riñones pequeños y corazones pequeños que nos hacen más grandes. Se ponen ante la pantalla para enviar boletines electrónicos, escribir mensajes en  las redes sociales y gestionar la vida digital de proyectos colectivos bajo la más absoluta invisibilidad.

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Soportan equipos, personajes con aires de grandeza y compañeros mediocres que cobran más que ellas para hacer la mitad de trabajo. Acompañan procesos, consolidan grupos de trabajo y cargan con el peso de las tareas reproductivas que nadie más no hace porque no tiene prestigio ni reconocimiento. Las hay que levantan edificios, hacen funcionar berbiquís, sierras y herramientas pesadas; las hay que mueven escenarios, focos y altavoces más grandes que yo; las hay que transportan cajas, bolsas y trastos por arriba y por abajo y las hay que son capaces de ponerse ante el público de un teatro, un concierto o una conferencia. Y, además, me salvan.

Todas ellas son mis amigas, pero también son las vuestras. Son ellas, las que me enseñan cada día sin falta el significado de la interdependencia y la sororidad, y lo hacen con una meticulosidad tan precisa, que solo puedo, podemos, agradecérselo cada día. Sí, hoy solo he venido a decir que mis, nuestras, amigas son las mejores y nos salvan la vida.