Editorial

La política debe acelerar

La justicia tiene sus tiempos y sus decisiones deben respetarse, pero en paralelo el diálogo no puede ir a su remolque ni seguir congelado

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Antoni Comin, Carles Puigdemont y Clara Ponsatí, en rueda de prensa en Bruselas.

Antoni Comin, Carles Puigdemont y Clara Ponsatí, en rueda de prensa en Bruselas. / EFE / STEPHANIE LECOCQ

Los caminos de la justicia y la política volvieron a cruzarse ayer en Catalunya. Si por la mañana se conoció el levantamiento de la inmunidad parlamentaria de la que gozaban como eurodiputados Carles Puigdemont, Clara Ponsatí y Toni Comín y la suspensión del tercer grado penitenciario a los presos independentistas que cumplen condena en la cárcel de Lledoners, por la tarde ERC elevaba el tono de advertencia a Pedro Sánchez sobre la fragilidad en la que descansa el apoyo de los republicanos catalanes al gobierno PSOE-Unidas Podemos.

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Aunque se presenten maliciosamente mezcladas, resulta imprescindible distinguir de manera diáfana las cuestiones judiciales de las cuestiones políticas. A la justicia hay que exigirle que actúe siempre y sin excepciones de conformidad con la ley y sin interferencias de uno u otro signo. Mientras que a la política ha de reclamársele que intente, a través del diálogo, la negociación y finalmente el acuerdo que alcance soluciones duraderas entre las diferentes partes de un conflicto.

También hay que constatar que ni la política ni la justicia actúan con los mismos tempos. En este sentido, la decisión del juez de vigilancia penitenciaria de suspender el tercer grado de los independentistas presos en la cárcel de Lledoners resulta especialmente inoportuna desde el punto de vista político, sin menoscabo del respeto que merezcan las resoluciones de la magistratura. Otra cuestión es si puede considerarse razonable que en una cuestión tan delicada dos jueces tomen una decisión diametralmente opuesta el uno del otro. Es lo que ha sucedido en este caso, puesto que la juez que resolvió el recurso contra el tercer grado de Carmen Forcadell y Dolors Bassa decidió que podían seguir disfrutando del régimen de semilibertad. Respecto a la pérdida de la inmunidad política de Carles Puigdemont, Clara Ponsatí y Toní Comín no ha habido sorpresa. Y tampoco puede negarse que es una clara derrota del expresidente de la Generalitat a pesar de haber recabado apoyos tan poco aconsejables para la causa soberanista como el de la extrema derecha alemana y francesa. La derrota, de momento, es más efectista que practica ya que los afectados ni pierden su condición de eurodiputados ni tienen por qué ser extraditados a España automáticamente en el caso que se reactiven las euroórdenes.

Está en manos de la política acelerar para que pueda abrirse definitivamente un nuevo escenario que haga posible rebajar la inevitable distorsión que provoca la acción de la justicia, inclusive cuando se limita a hacer su trabajo. La jornada de ayer demuestra que es cada vez más urgente que se levanten tantos vetos cruzados y Pedro Sánchez tome la iniciativa para, ya sea a través de los indultos o los cambios legislativos oportunos, encarar el futuro a través única y exclusivamente de la política