Libros de mujeres

Etiquetas restrictivas

Hasta hace bien poco aceptábamos la de la cosa femenina como categoría unificadora

1
Se lee en minutos
La librería Taifa de Barcelona, el pasado noviembre.

La librería Taifa de Barcelona, el pasado noviembre. / SERGI CONESA

Hace unos días recibí un correo electrónico de una periodista que me preguntaba si montaríamos una mesa de libros especial para el 8M en la librería. La pregunta venía a cuento totalmente si tenemos en cuenta que también hace días que los libreros recibimos 'mails' de editoriales y distribuidoras bajo el asunto: “Nuestra propuesta de libros para el 8-M”. En seguida, le respondí que no, porque nosotros, igual que otras muchas librerías, esa mesa la tenemos montada siempre.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Antes de ayer, con una amiga, mirábamos las mesas y nos veníamos arriba con la idea de ir aún más allá: hablábamos de llenarlas de libros de mujeres que escribieron literatura de todo tipo: Le Guin, Uhart, Pardo, Mesa, Solà, Wharton, Munro, Plath, Shelley, Ogawa, Nin, Català, Aleksiévitx, Ollé, Butler, Maillard…, y dejar en cada mesa, testimonialmente, dos o tres libros de “literatura masculina”. No hicieron falta demasiadas explicaciones para que las dos entendiéramos de entrada a qué nos referíamos con esta etiqueta: Stevenson sí que era “literatura masculina”; Palahniuk, también; Mishima, sí; Cela, Cernhard, Reed, Cercas, Hemingway… “A Baricco, no sé si lo pondría”, dije yo, “y De Luca, tampoco lo sé”. Fue entonces cuando pensé que las etiquetas de género están llenas de matices que se pasan por alto. Hasta hace bien poco aceptábamos la de la cosa femenina como categoría unificadora; se utilizaba como argumento de venta e incluso condicionaba el diseño de libros que se publicaban con la intención de llegar de manera más directa a las lectoras que a los lectores.

Noticias relacionadas

Otra pregunta que me han hecho estos días ha sido si los hombres compran libros feministas y cuáles, cosa que me hace preguntarme si la etiqueta “libro feminista” no habrá venido a ocupar el espacio que hasta ahora, que empieza a estar más desdibujada, era el de la “literatura femenina”.

En la librería, aunque mezclada con libros que tratan el tema del género de manera más extensa, sí que tenemos una mesa de ensayo feminista. Puede que sea el momento de mezclarlos, tanto los de género como los de feminismo, con el resto de los de la sección de ensayo social.

Temas

Librerías