Lo que está por llegar

Pasando la maroma

Barbra Streisand y Aitana consiguieron transportarnos en la gala de los Premios Goya a un futuro largamente deseado, pero los días felices aún no están aquí

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Ángela Molina recibe el Goya de Honor / Miguel A. Cordoba / EFE

Hace unas semanas les hablaba de Frank Sinatra sobrevolando, con voluntad profética, las cuatro esquinas de mi cama con su canción 'The best is yet to come' ('Lo mejor está por llegar'). Agradecía, entonces, al amigo Sinatra, su inyección de optimismo mañanero. Hoy debo agradecerle a Barbra Streisand que el sábado pasado, en la gala de los Goya (¡magnífica gala, sobria, justa, cercana, serena!) abundara en el optimismo, aún pasándose de zancada. La Streisand cantó, convencida y convincente, un fragmento de 'Happy days are here again', cuya letra viene a decir que la felicidad ha vuelto por fin, o, con traducción más exacta, que los días felices ya están aquí de nuevo. A continuación, la jovencísima Aitana (elegante, exquisita, estilo de 'female crooner' nunca antes visto en ella) recogió el testigo y llevó la canción hasta el final. Fue un instante mágico. Por un momento pareció que ya no había pandemia. Las dos, Barbra y Aitana, consiguieron transportarnos a un futuro largamente deseado. Y algunos de nosotros, ingenuos, yo el primero, caímos en la trampa.

Porque no es cierto lo de los días felices. Todavía no. Ni están, ni se les espera. No, por lo menos, en el corto o medio plazo. Tirando de optimismo, podríamos llegar a decir que están, acaso, a la vuelta de la esquina. Que nos andan, tal vez, rondando. Que podemos, con paciencia, ir desempolvando las guirnaldas de bienvenida. Y que ajustando la mirada en lo lejano, nos será dado, quizá, avistar alguna señal de acercamiento. Suficientes señales, de acuerdo, eso sí, como para dibujar una tímida sonrisa y un suspiro de alivio bajo la mascarilla. Pero no más. No nos dejemos engañar por lo que, de momento, no es más que un finísimo rayo de sol intentando meter cabeza por un cielo que, de tan largamente encapotado, a muchos se nos antoja definitivamente alquitranado. 

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Estamos pasando la maroma. Camínenla conmigo: un pie delante del otro, la vista al frente, sin mirar abajo, controlando la respiración, pendientes del equilibrio, calculando a cada paso los riesgos y las consecuencias. Manteniendo altos el rigor y la exigencia (con uno mismo y con los compañeros de maroma). Y a partir de ahí, sí, -¡ahora sí!- la feliz arribada al otro lado. El de los días felices. El de una Barbra Streissand abrazada a Donna Summer, para que dos voces puedan más que una ,en el gran grito final: "No more tears (Enough is enough)". No más llantos. Basta de lágrimas. ¡Se acabó!

No quiero terminar esta reflexión surgida a raíz de la gala de los Goya sin aplaudir el magnífico discurso de Ángela Molina, en el momento de aceptar su Goya de Honor. Porte de diosa antigua. Que lo es. El talento temblando, delicado, en la comisura de los labios. El corazón en la garganta. Y eso tan difícil de conseguir: que cada palabra sonara a verdad, a concebida y parida con dolor y alegría ancestrales, a verbo de mujer sabia, a sangre de curranta. ¡Gracias, Ángela, por dignificar tan bellamente nuestro oficio!