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La vitalidad de un club

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Joan Laporta abraza a los miembros de su equipo tras conocerse el sondeo de TV3.

Joan Laporta abraza a los miembros de su equipo tras conocerse el sondeo de TV3. / JORDI COTRINA

Entre Joan Laporta y Víctor Font no existen fundamentalmente demasiadas diferencias ideológicas. Se puede afirmar que el proyecto de Font estaba mejor trabajado, más estructurado y contenía alicientes sumamente atractivos, pero ha carecido de aquello del que el proyecto de Laporta andaba sobrado, que es el carisma. Sobre ese don natural del nuevo presidente se ha edificado una victoria incontestable.

No ha estropeado esa virtud durante la campaña. Al contrario, la ha reforzado con acciones astutas y un comportamiento presidencial. Y ha ganado con una impresionante participación en un contexto de pandemia. Debería validar unos tiempos de paz en la convulsa realidad azulgrana. La maravillosa foto de los tres aspirantes abrazados a medio recuento anticipa ese sosiego inicial.

Enhorabuena pues para Laporta, por decir algo, porque las carpetas que tiene ante sí a partir de hoy pueden resultar intimidantes. Todo el mundo las conoce. La primera, la más inmediata, la que mejor describe el estado catatónico actual del club, y no es otra que buscar liquidez para pagar las próximas nóminas de futbolistas y empleados. Hay muchas telarañas en la caja.

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Seguro, llamará a Messi enseguida, es necesaria esa toma de contacto, aunque convencer al argentino no es lo urgente. Rearmar la derruida economía corre más prisa. Pero conviene también una reconstrucción moral y los socios han juzgado que el fuerte liderazgo de Laporta ayudará a ello.

Su facilidad para el trato cercano y su desbordante vitalidad permitirán a la vez rehacer el puente destruido entre el palco y el vestuario. Y si ese vestuario dio ayer muestras de compromiso con el Barça, significativo resultó ver a Messi ejercer por primera vez su derecho al voto junto a su hijo. Fidelidad emocional con la entidad que hace apenas unos meses quería dejar. Hoy hay otro presidente, la complicidad se les presupone, también un entrenador con el que conecta bien. El paisaje es nuevo. Las expectativas, distintas. Su continuidad parece más factible en un club en el que, por fin, entra aire más respirable. Conviene que dure.  

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