Desaire en Seat

La década ominosa de Catalunya

VW, Seat, Renfe y Alstom reaniman el pulso industrial catalán, mientras el Govern independentista sigue de plantón

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La década ominosa de Catalunya

Efe/Quique García

Una década ha necesitado el empresariado catalán para dar la voz de alarma. Una década: se dice pronto, pero se toma su tiempo. No han faltado motivos durante este período para que la patronal hiciera oír su voz. Primero, unos años de imprudencia. Luego, otros de irresponsabilidad y desvarío. Finalmente, otros más de parálisis. Pero en este tiempo solo había silencio, cuando no esa voluble indolencia patricia que, por ejemplo, permitió al lumpen empresariado de Waterloo hacerse con el puente de mando de la Cambra de Comerç.

Tristemente, han hecho falta una pandemia luctuosa, una catástrofe económica de proporciones bíblicas y dos semanas de saqueos en una ciudad en llamas para que los empresarios se decidan a alzar una voz clara contra la decadencia de Catalunya tras una década de ‘procés’.

Catalunya, España, Europa entera afrontan el mayor desafío en muchas décadas. Tras la vergonzosa actuación en la Gran Recesión, la UE se reencuentra con su espíritu fundacional y pone en marcha un plan de cooperación interior sin precedentes. El fondo Next Generation está constituido con 750.000 millones de euros en subvenciones a fondo perdido y préstamos, de los cuales 140.000 millones corresponden a España. El programa europeo puede representar, además de la salvación de las economías de los países más afectados por la pandemia, el embrión de una eventual integración fiscal europea. Poca broma.

Next Generation no sufragará rotondas, variantes ni otros parches. Ese tiempo pasó. El desafío de la recuperación en Europa es industrial, verde y digital

Decisiones capitales

Esta misma semana, con escasas horas de diferencia, se han formalizado dos decisiones industriales de importancia capital para Catalunya. El grupo alemán Volkswagen apuesta sin reservas por Seat para crear su plataforma de coche eléctrico en España y, por extensión, en el sur europeo: fabricación de baterías, desarrollo de infraestructuras industriales y de movilidad, y fabricación de vehículos eléctricos. El proyecto generará una inversión de 5.000 millones, según estimaciones del Gobierno, y puede salvar el sector de la automoción en Catalunya, enfermo de fiebres hemorrágicas en Nissan y Bosch.

La segunda decisión es de Renfe. La compañía va a adjudicar el mayor contrato de su historia: la fabricación de 211 trenes de cercanías por casi 2.500 millones de euros. De este pedido, 152 trenes los fabricará Alstom en su factoría de Santa Perpètua, la más moderna del grupo francés en Europa, por casi 1.500 millones.

Pulso industrial

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Hay pulso en la vena industrial catalana. Pero mientras todo esto sucede, Seat, VW, Renfe, Alstom, la alerta contra la decadencia…, mientras esto sucede, ¿en qué anda el Govern independentista? En dar plantón a la visita de Estado en la que VW escenificó su apuesta eléctrica por Seat. Como si toda una década de imprudencia, irresponsabilidad, desvarío y parálisis hubiera sido en vano.

La década ominosa se resiste a concluir. Ojalá no haya que ver algo peor todavía, algo como la dilapidación de esta oportunidad única de recuperación.