Editorial

Un 8-M que marca el camino

Tras años de lucha y de logros en el terreno de la igualdad, la pandemia ha supuesto un paso atrás en algunos aspectos especialmente relevantes

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El Periódico

Manifestación por el 8-M en Barcelona, el pasado 2020

Manifestación por el 8-M en Barcelona, el pasado 2020 / Jordi Cotrina

Desde hace prácticamente un año, nada es como era. La jornada reivindicativa del 8-M también distará de las expresiones de las últimas convocatorias. En el recuerdo quedan las multitudinarias movilizaciones de 2018, una huelga feminista contra la desigualdad, la violencia machista y las distintas formas de opresión contra las mujeres que se extendió por todo el mundo. Hoy, el planeta está golpeado por la pandemia. Las expresiones del Día Internacional de la Mujer se verán sujetas a los protocolos covid, pero sus limitaciones no acallarán una reivindicación que resulta más necesaria que nunca. 

Tras años de lucha y de logros en el terreno de la igualdad, la pandemia ha supuesto un paso atrás en algunos aspectos especialmente relevantes. Entre ellos el retroceso en la brecha salarial, incremento en las tasas del paro femenino así como una mayor dedicación a las tareas domésticas y a los cuidados.  

La desigualdad laboral se presenta de múltiples formas: precariedad, temporalidad, menor formación, etcétera. La pandemia ha venido a ahondar estas discriminaciones y ha hecho retroceder la brecha salarial a niveles de 2013. Además, el grueso de las restricciones ha afectado a sectores especialmente feminizados, como la restauración y el comercio. Según datos de Eurostat, España fue el país que sufrió en 2020 el mayor aumento de la tasa de desempleo femenino hasta situarse en el 18,4%, lo que coloca al país en el segundo con más paro de toda la Unión Europea, solo por detrás de Grecia. 

Las actividades domésticas y las labores de cuidados siguen suspendiendo en igualdad. El número de mujeres que asume diariamente su carga duplica al de los hombres. El teletrabajo forzado por la pandemia ha permitido salvar muchos puestos laborales, pero no ha conseguido cubrir las expectativas en cuanto conciliación. Todo lo contrario. La necesidad de compaginar el trabajo y la casa ha supuesto una sobrecarga emocional para muchas mujeres, con especial intensidad para aquellas que son madres. 

Más violencia machista

La violencia no cesa. El año 2020 acabó con el asesinato de 45 mujeres por violencia machista. Cada día en España, se denuncian entre tres y cuatro violaciones y las agresiones grupales siguen haciendo saltar todas las alarmas. A pesar de la realidad de los datos, el negacionismo de la ultraderecha encuentra cada vez más presencia institucional. El peligro es obvio. No solo es una amenaza para las políticas de igualdad, sino que su discurso añade confusión el debate y rearma el machismo, también entre los más jóvenes. 

A pesar de la aspereza de estos meses de pandemia, hay aspectos para la esperanza. Es relevante la mayor presencia de mujeres en la cultura, el deporte y los órganos de poder. Una representación importante, en tanto que son ámbitos que aportan ejemplaridad y conforman la sociedad. 

Hay una infinidad de motivos para una nueva jornada de reivindicación. No solo para seguir profundizando en la igualdad, sino para trabajar por un futuro mejor. En un momento de grave crisis económica y sanitaria como la que atravesamos, la agenda feminista da sobradas fórmulas para salir mejores del desafío. Los cuidados y la solidaridad forman parte intrínseca del movimiento, el 8-M traza un buen camino a seguir el resto del año.