Editorial

Luz para el automóvil

Una manera de contrarrestar el goteo del cierre de fábricas es apostar por una nueva industria, más limpia, más eficiente y capaz de generar empleo más estable

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El Periódico

Luz para el automóvil

Efe/Quique García

El sector del automóvil se encuentra desde hace años, pero ahora de forma más acusada, en un punto de inflexión. La transición hacia el coche eléctrico y conectado ya no es una vaga promesa de futuro, ni debería concebirse como una opción marginal, sino que es justo lo contrario: el camino hacia la reconversión de una industria que debe modernizarse y que debe hacerlo cuanto antes. De lo contrario otros países competidores se quedarán con la parte más preciada del mercado. Y eso significa plantas de producción y puestos de empleo. A eso se referían los máximos directivos de Seat y Volkswagen este viernes, en la fábrica de Martorell, en la celebración del 70º aniversario de la marca, un día después de que la ministra Reyes Maroto anunciara la creación de un consorcio público-privado (con el Gobierno, Seat e Iberdrola y abierta a otras firmas) para impulsar la primera fábrica de baterías en España. La visita de Felipe VI y del presidente del Gobierno dio aire de institucionalidad al firme compromiso por la electrificación de la compañía automovilística. En un acto de gran trascendencia, por lo que significa para la modernización industrial de Catalunya, se echó en falta la presencia de miembros del Govern de la Generalitat, que priorizando la gestualidad política optaron por dar un nuevo plantón al Rey.

Desde una lectura estrictamente económica, la presencia de las máximas instituciones del Estado en la fábrica de Seat es también una imagen del apoyo público al sector del automóvil, que representa el 10% del PIB y el 9% del empleo en España. Si el mazazo de la marcha de Nissan de Catalunya representa la cruz de esta industria, la apuesta por la electromovilidad de Seat y su matriz, el grupo Volkswagen, es la cara. La marca española realizará el desarrollo de una plataforma 100% eléctrica, que irá a Martorell, y que servirá para armar los nuevos modelos Seat Ibiza y Volkswagen Polo, entre otros. Contar, además, con una fábrica de baterías «cerca», en palabras de la ministra (su ubicación está aún por determinar), reforzará la cadena productiva y permitirá la creación de un ecosistema, con las infraestructuras e instalaciones necesarias, para ser más competitivos a nivel internacional. Para conseguir este objetivo -ambicioso, pero no imposible- las empresas deben contar con el apoyo de las administraciones, mediante incentivos fiscales e inversiones públicas que atraigan a su vez la inversión privada. El proyecto en el que trabajan Volkswagen y el Gobierno contará con los fondos de recuperación económica europeos, lo que dejará una plasmación directa y sobre el terreno de la estrategia de cambio de modelo productivo que se pretende impulsar con estas ayudas.

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La pandemia, que ha afectado de forma dramática a los servicios, en especial al sector turístico, obliga a repensar las bases sobre las que se asienta la economía catalana y del conjunto de España. A la necesidad de replantear el turismo -hacia un modelo más sostenible y armonizado con los intereses de la población local- se debe sumar también el debate sobre la reindustrialización. Una manera de contrarrestar el goteo del cierre de fábricas es apostar por una nueva industria, más limpia, más eficiente y capaz de generar empleo más estable y cualificado. Una economía más resiliente que pueda afrontar futuras crisis con mejores mimbres que los que tenemos hoy.