APUNTE

Lo más feo, lo más bello

Este Barça fue capaz de despertar las emociones primarias que hace que nos guste tanto el fútbol

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Los jugadores del Barça celebran el gol decisivo de Braithwaite.

Los jugadores del Barça celebran el gol decisivo de Braithwaite. / Jordi Cotrina

Después de tres días de inmersiones en atestados policiales y sumarios judiciales, de cloaca institucional y fealdad máxima, llegó la noche y apareció la belleza suprema. Una maravillosa exhibición de fútbol. Una desinfectante actuación para limpiar la deteriorada imagen del club. Después de tres días de bajar la cara, el aficionado pudo durante más de dos horas elevar el mentón y mostrarse orgulloso de ser barcelonista. Por las oficinas de la entidad ha corrido agua sucia pero el equipo que construye Ronald Koeman dio motivos para alentar una esperanza más que refrescante en un momento muy necesario. 

Qué bien nos lo hizo pasar ayer. Qué pena que no hubiera gente en el Camp Nou. Qué noche tan épica. De palpitaciones aceleradas. De gritos constantes. Cuántos vecinos se vieron despertados por alaridos felices. Tantos nervios y tantos estallidos de placer. Koeman va a tener la continuidad asegurada gane quien gane el domingo en las elecciones si el Barça emociona como ayer.

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Hasta ahora ha sido una temporada ciclotímica, de descensos emocionales y contados momentos de satisfacción, pero el entrenador ha encontrado claramente un esquema que sienta de maravilla a unos cuantos futbolistas. Dembélé es uno. Busquets, otro. Mingueza parece internacional. Globalmente, el equipo ha encontrado la forma de ensamblarse. Corre, presiona y combina con una precisión de relojero. Pero más allá de las consideraciones tácticas, que hay que hacerlas, lo más relevante es que este Barça fue capaz de despertar las emociones primarias que hace que nos guste tanto el fútbol. 

Se produjo una remontada en la que hace una semana no creía nadie. Sin embargo, la victoria en el Sánchez Pizjuán en Liga fue como encontrar un billete de lotería con la combinación ganadora. Desde ese día y, se confirmó ayer, el Barça se siente de nuevo rico: de confianza, de personalidad, de juego. En un momento de bochorno institucional, el entrenador y los jugadores proporcionaron una noche memorable. Y hay que darles las gracias. Regalaron felicidad el día que más convenía.