Urbe en declive

Barcelona, de Alfa a Beta

En el 'ranking' de las ciudades en el circuito de la economía global, la capital catalana ha entrado en 2020 en una categoría inferior por su innegable decadencia

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La tienda de Versace, totalmente protegida con paneles y cerrada, tras haber sido saqueada.

La tienda de Versace, totalmente protegida con paneles y cerrada, tras haber sido saqueada. / RICARD CUGAT

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La Universidad de Loughborough (Reino Unido), a través del GaWC (Red de Investigadores de Ciudades Globales), genera desde hace décadas un 'ranking' de las ciudades en el circuito de la economía global. Las divide en tres grandes grupos, Alpha, Beta y Gamma, con algunas subdivisiones en su interior. Arriba del todo figuran Nueva York y Londres, seguidas de una lista de 50 urbes que conectan las grandes regiones del planeta con la economía mundial. Madrid se encuentra desde hace mucho entre las primeras 25 de ese ranking Alfa, mientras Barcelona, que también figuraba (aunque bastante por detrás de la capital española), ha caído en 2020 a la categoría Beta, es decir, en la lista de metrópolis de tamaño medio. Y ha sido adelantada por ciudades como Praga, Dublín o Lisboa. Más allá de ese 'ranking', lo cierto es que Barcelona lleva más de una década yendo a peor, sin modelo ni proyecto. Ha dejado de ser un referente de modernidad y se ha vuelto una ciudad más provinciana.

Las causas son diversas, pero el proceso independentista que empezó en 2012 y que sigue marcando la agenda política, junto a la alcaldía desnortada de Ada Colau, particularmente en su primer mandato, han sido factores determinantes en una decadencia que todo el mundo reconoce. El declive no solo es de la metrópolis, sino del conjunto de Catalunya, y por eso los empresarios hacen bien en salir de su letargo para exigir un Govern estable centrado en recuperar el dinamismo económico y en atender a los verdaderos problemas. Por desgracia, el probable nuevo 'president', Pere Aragonès, tras guardar silencio durante muchos días ante los graves disturbios callejeros, ha vuelto a encontrar curiosas explicaciones para la violencia. De nada sirve condenarla si a renglón seguido dice que la culpa la tiene “la baja calidad democrática española”. Como ha dicho Joan Coscubiela, “contextualizar la violencia es justificarla”. La causa de nuestra decadencia se encuentra principalmente en la mediocridad, cinismo e infantilismo de la clase dirigente catalana responsable del 'procés', por acción u omisión. Y ahí seguimos.