Editorial

De nuevo el Barçagate

Sea cual sea la conclusión final de la investigación que ha llevado a la detención de Bartomeu, su herencia en el club exige una regeneración que está en manos del socio

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El Periódico

Josep Maria Bartomeu, Jaume Masferrer, Óscar Grau y Roman Gómez.

Josep Maria Bartomeu, Jaume Masferrer, Óscar Grau y Roman Gómez. / G. PARGA / J. MONFORT / J. CORTADELLAS / I. PAREDES

El particular annus horribilis del Barça prosigue con otro episodio esperpéntico: la entrada de los Mossos d’Esquadra en las oficinas del club, por segunda vez en siete meses, para requisar documentación sobre el asunto conocido como Barçagate justo en la semana más trascendental de la entidad de caras al futuro, con la perspectiva de las elecciones del próximo domingo. Y aún más impactante, la detención del expresidente del club y algunos de sus más próximos colaboradores. Los episodios que han jalonado este año empezaron a fraguarse en febrero del 2020, con la revelación por parte de la Cadena Ser del contrato del club con la empresa I3Ventures teóricamente con el encargo de monitorizar las redes sociales pero con una intensa actividad paralela creando perfiles favorables a la gestión de Josep M. Bartomeu y en contra de Piqué, Messi y de algunos miembros del entorno del club, entre ellos dos de los candidatos actuales a la presidencia. Todo ello a espaldas de la mayoría de directivos y en unas condiciones económicas sospechosas.

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Con todo, las polémicas ya venían de lejos. A la deriva deportiva se sumaban fisuras sociales e inquietudes presupuestarias, pero la tormenta perfecta – que acabó con la recogida de firmas contra Bartomeu y con la convocatoria de elecciones– llegó con la pandemia. La lista es larga: desde el anuncio de la despedida de Messi y su posterior rectificación hasta la crítica situación económica, agravada por los efectos del covid-19, pasando, entre otros puntos, por las dimisiones en la junta directiva, el conflicto sobre la rebaja del sueldo del primer equipo, los vaivenes en la gestión, la tardanza y las dificultades del proceso electoral y una sensación generalizada entre la masa social de un club al borde de una grave crisis deportiva e institucional. 

El registro es un nuevo capítulo de las supuestas irregularidades financieras, de administración desleal y corrupción, que esta vez se salda con la detención del propio Bartomeu y de las tres figuras que ocuparon la estructura que él creó a partir de 2015: Jaume Masferrer, como director del Área de Presidencia; Òscar Grau, como CEO del club; y Román Gómez, como jefe de los Servicios Jurídicos. Vigente todavía el secreto de sumario, conviene mantener la presunción de inocencia por una operación que habría significado un coste que no parece ajustarse a las tareas supuestamente contratadas y cuyo real significado aún está por aclarar, y a través de pagos fraccionados de 200.000 euros para soslayar el control del comité de adjudicaciones de la propia junta. Aun cuando la auditoría propuesta por el propio Bartomeu desestimó las irregularidades, la investigación judicial en curso deberá aclarar, con rigor y seriedad, la responsabilidad de los implicados.

Mientras tanto, en este ambiente enrarecido y en plena crisis económica, la semana culminará con unas elecciones que deberán marcar el rumbo del Barça en los próximos años. Y más que eso: la adecuación del club a unos tiempos nuevos que exigen propuestas ilusionantes pero factibles, en la línea de singularidad e independencia que caracteriza al F.C. Barcelona pero acorde con el escenario cambiante y fluido del fútbol que viene. El domingo, el socio deberá escoger regeneración de la entidad en todos los sentidos, control de las políticas deportivas y financieras, asunción de soluciones drásticas en términos económicos y patrimoniales, y un deseado retorno a la excelencia y a la competitividad, dejando atrás las nefastas secuelas del pasado más inmediato.