Consecuencias del covid

Prevenir la tormenta del suicidio

Las medidas de aislamiento social y restricción de la actividad, junto con la crisis económica, llevará a que más personas se quiten la vida, y algunas tragedias pueden ser evitables

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Una de cada cuatro personas tiene o tendrá un problema de salud mental.

Una de cada cuatro personas tiene o tendrá un problema de salud mental. / EL PERIÓDICO

En muchos países desarrollados, las muertes por suicidio han aumentado en las últimas décadas. Por ejemplo, en Estados Unidos, se registró en 2018 la tasa de suicidios (ajustada por edad) más elevada desde 1941. Por su parte, en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística, el número de suicidios también aumentó de manera progresiva desde la década de 1990 hasta 2018, con un pico máximo alcanzado en 2014 de 3.910 personas fallecidas por esa causa.

En la actualidad, son muchas las voces que anuncian que las medidas de aislamiento social y restricción de la actividad derivadas de la covid-19, junto con la crisis económica que se producirá, se traducirán en un aumento importante de la tasa de suicidios, al menos en los países desarrollados. En este sentido, algunas de las mejores revistas médicas del mundo, como 'Journal of the American Medical Association' y 'British Medical Journal' han dedicado recientemente sendos editoriales al elevado riesgo de que se produzca un aumento sustancial de la tasa de suicidio en los próximos meses. 

Así, algunos estudios que analizan la magnitud de ese efecto, predicen un incremento del 145 % de los suicidios en algunos grupos poblacionales; si bien no se trata datos reales, sino de predicciones hechas a partir de modelos, la cifra no deja de ser escalofriante. Japón se erige como una excepción, pues el Gobierno ha publicado los datos de mortalidad por suicidio entre diciembre de 2010 y septiembre de 2020; ese ejercicio de transparencia permite observar que el aumento significativo de los suicidios solo se da en las mujeres y durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2020. 

Aunque para la mayoría de los países no dispongamos de datos tan recientes y, por tanto, resulte imposible documentar la evolución de la tasa de suicidios en los últimos meses, lo que se sabe del efecto de pandemias anteriores y las predicciones elaboradas deberían bastar para convencernos de que es necesario aplicar medidas de prevención. Se trata de anticiparnos para intentar evitar que se hagan realidad los datos sobre mortalidad por suicidio predichos para los próximos 10-12 meses.

Uno de los principales focos de atención deberían ser los menores de 30 años, ya que presentan un deterioro mayor de la salud mental durante la pandemia

Uno de los principales focos de atención debería ser el grupo de población de menores de 30 años, pues se ha visto que en muchos países es el que presenta un deterioro mayor de la salud mental durante la pandemia. Para el caso español, en un estudio reciente que hemos realizado junto con Pilar Sorribas y Dirk Foremny, comprobamos que, mientras que antes de la aparición del covid-19 más del 85 % de los jóvenes entre 18 y 29 años no se sentía nunca deprimido o infeliz, en abril del año pasado, ese porcentaje era inferior al 40%. Además, el efecto es persistente; así, durante el mes de julio, cuando la pandemia se encontraba en un estadio relativamente débil, con un número reducido de casos diarios y pocas medidas restrictivas, el porcentaje de jóvenes que no se sentían deprimidos era solo del 60 % y, por tanto, no se había recuperado el 85 % anterior a la pandemia. 

En las economías desarrolladas es bastante fácil aplicar medidas de prevención que han demostrado ser eficaces en otras ocasiones. Además, algunas de ellas ya existen en nuestro país y se han reforzado durante la pandemia, como las líneas telefónicas de ayuda. Aun así, hay mejoras que hacer; por ejemplo, una simple búsqueda en Google de la frase «teléfono de ayuda al suicidio en España» arroja muchos resultados y no es posible hacerse una idea clara de la mejor opción para recibir ayuda.

Por otra parte, hay que recordar que en crisis económicas anteriores se demostró que asegurar que los estratos de la sociedad más perjudicados económicamente por la pandemia puedan mantener un nivel digno de vida es uno de los aspectos clave para evitar el aumento significativo de la tasa de suicidios. 

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Todos estos elementos y muchos más que los expertos han identificado son eficaces a la hora de minimizar la factura que la pandemia nos hará pagar en suicidios, pues, hasta cierto punto, algunas de esas tragedias pueden ser evitables. Es responsabilidad nuestra como sociedad activar tales elementos cuanto antes, ya que los análisis serios anuncian una magnitud dolorosa del problema, confirmada por la realidad de algunos países diligentes en la publicación de los datos de este efecto de la pandemia.