Negociaciones tras el 14-F

Del desorden al orden con idénticos protagonistas

La violencia tiene las horas contadas y los episodios de estos días, lejos de ser un incentivo, servirán de vacuna

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Quema de contenedores en Aragó con Bailen en las protestas por el rapero Pablo Hasél el pasado día 18.

Quema de contenedores en Aragó con Bailen en las protestas por el rapero Pablo Hasél el pasado día 18. / Ferran Nadeu

Por adelantado sea dicho y subrayado que esta será una legislatura de orden, y aún más por comparación con las anteriores. Quien no lo quiera tomar como un pronóstico, que lo tenga en cuenta al menos como propósito. Sobre todo de quienes empezaron por criticar a la policía y han acabado por darle carta blanca en penitencia por su error. No ha ido nada bien la coincidencia temporal entre la detención del rapero Hasél y las negociaciones para formar Gobierno. La tolerancia de los partidos independentistas de orden con la violencia, expresada en forma de condena a los excesos policiales, solo tenía como objetivo acariciar el pelo hirsuto del lomo de la CUP, formación más hipersensible que de veras mordedora, que ni siquiera se atreverá a exigir medidas drásticas como la supresión de los antidisturbios.

ERC y JxCat, los dos partidos que han iniciado este juego de esconder las convicciones, los principios e incluso las verdaderas intenciones con el fin de contentar al irritable tercero en discordia, conocen perfectamente el mensaje, a ellos dos destinado, del incremento de votos de la CUP: "Espabilad de una vez, atajo de 'procesistas'". El incremento de la CUP no significa, pues, de ninguna manera, ni que los votantes que han pasado de las dos formaciones acomodaticias a la radical se hayan vuelto más de izquierdas ni que se hayan reconvertido en partidarios de la violencia, las quebradizas, los saqueos, las quemas de contenedores o los cócteles incendiarios.

Las cosas han empezado así, pero no van a seguir por este camino. El independentismo, como toda la sociedad catalana o aún más, necesita demostrar no solo que quiere y puede mantener el orden, sino,por encima de todo, que es capaz de gestionar las competencias de la autonomía con solvencia y con escaso acompañamiento de alboroto ideológico. Nada de confrontaciones que puedan servir de excusa para nuevos disturbios. Exactamente lo contrario, vaya, de lo que estamos viviendo estos días. Hoy por hoy, la primera opción de ERC es un Gobierno tan netamente como falsamente independentista, tan eficiente como pueda en términos de tecnocracia y tan inoperante como convenga a la hora de plantar cara, y ni que decir tiene de aproximarse a cualquier momento de la verdad. Lo más probable, si la CUP quiere pintar algo en esta procelosa legislatura, es que se conforme con alguna concesión simbólica a cambio de facilitar la investidura de Aragonès.

El tránsito que nos espera, si el infortunio no lo estropea, va a estar capitaneado por ERC en compañía o en competencia con JxCat

Establecidos aunque no bien confesados estos propósitos compartidos por Junqueras y el nuevo líder efectivo de JxCat, Jordi Sánchez, queda claro que la CUP no puede ser en ningún caso un compañero estable de viaje. Como mucho, facilitaría la investidura para evitar otros peajes. Acto seguido, los 'comuns' intervendrán en la acción. A no ser que, cargado el muerto del fracaso a los 'cupaires', la entrada en escena de los 'comuns' se avanzara un poco más de la cuenta. Sea como sea y de manera paradójica, el tránsito del desorden al orden que por fortuna nos espera, si el infortunio no lo estropea, va a estar capitaneado por ERC en compañía o en competencia con JxCat. Que la violencia tiene las horas contadas es una predicción de primer cursillo de análisis. Ahora bien, falta ver si el ingreso sin más reticencias de los 'comuns' al bloque del orden dará lo bastante de sí, no como para levantar, pero quizá sí como para obviar de entrada al veto a JxCat. Total, han votado juntos los presupuestos.

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Descartada la repetición de las elecciones por el riesgo que representaría de convertir el independentismo en el 'acotxador' que encarama al 'anxaneta' Illa hasta la presidencia, toma pues algo más de verosimilitud la investidura de Aragonès con gobierno monocolor minoritario, sometido a sacudidas de todos lados, pero también, al menos en teoría, capaz de acuerdos puntuales y variables ora con uno y ora con el otro, sin excluir del todo el PSC.

Sea como sea y más allá de unas negociaciones que la violencia en la calle ha complicado, si algo deberían tener más o menos claro tanto los políticos como los periodistas como los empresarios que claman por el apoyo total a los sindicatos policiales, es que los episodios de estos días servirán de vacuna contra el desorden y no de incentivo. A veces, empezar con mal pie es una advertencia y una oportunidad para proseguir sin tropezar más de la cuenta.