Monarquía en aprietos

Reyes e imbéciles

Juan Carlos ha tirado por la borda su reinado, la confianza de miles de ciudadanos y deja tambaleante la corona sobre la cabeza de su hijo

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El rey emérito.

El rey emérito.

Permítanme un par de pinceladas palaciegas. Entrevisté al rey Juan Carlos en Radio Nacional el día que el monarca cumplía 52 años. Diez minutos de charla distendida con servidor y el servidor señor Casamajor. Los teletipos crepitaban al instante la conversación, que abrió además los informativos radiofónicos y televisivos. Una movida. El Rey apenas concedía entrevistas.

En una comida con varios periodistas, el entonces príncipe Felipe me preguntó, refiriéndose a ‘Crónicas Marcianas’:

- Sardà, haces el programa que tú quieres o el que quiere el público.

- (Glups)… Alteza, hago el programa que quiere el público, pero como yo quiero (buf).

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Previamente hice el servicio militar a las órdenes de Milans del Bosch. Acabé cuatro meses antes del 23-F y cuando vi los tanques por las calles de València, se me esparramó el desánimo. El rey zanja la cuestión y la democracia sigue su curso, con el PSOE con sus cambios, con sus crisis económicas y los permanentes atentados terroristas… Y, para bien y para mal, el porvenir.

Historietas de cuando éramos jóvenes, felices e indocumentados, como decía el enorme García Márquez.

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No sé ni dónde ni cuándo, leo que los Borbones siempre acaban molestando. En aquel momento pensé que Juan Carlos no molestaría y que sería una excepción. Pensé que Juan Carlos no tenía nada que ver con el estúpido de Fernando VII ni la follonera de Isabel II. No, Juan Carlos, no. Pues joder, vaya final de reinado.

Los ‘tardocomunistas’, los ‘podemitas’  y el ‘dream team indepe’ le niegan todo reconocimiento a Juan Carlos por el mero hecho de haber nacido. Nos hablan del régimen del 78 como si fuéramos una generación de cretinos. Mientras intentan hacernos ver la luz, Juan Carlos ha tirado por la borda su reinado, la confianza de miles de ciudadanos y deja tambaleante la corona sobre la cabeza de su hijo. Juan Carlos nos ha hecho quedar, efectivamente, como imbéciles. Pero no lo somos, coño. Felipe, háztelo como quieras, pero no acabes molestando, Rey. Si no, te enviarán a Abu Dabi y punto final.