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¿Malcom? ¿Quién es Malcom?

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Malcom celebra su gol al Inter en San Siro.

Malcom celebra su gol al Inter en San Siro. / AFP / MARCO BERTORELLO

Que uno no se acuerde de las cosas no quiere decir que no hayan pasado. Así que no queda otra que admitir que si la historia afirma que en el Barça jugó una temporada entera un jugador llamado Malcom por fuerza debe ser cierto. Que ni usted ni yo nos acordemos de su posición en el campo o si chutaba con la derecha o la izquierda sólo certifica nuestra mala memoria y lo poco o nada que hizo el jugador mientras vistió la zamarra blaugrana.

De esa estrella rutilante llamada Malcom no escribimos porque haya realizado alguna proeza futbolística en el Zénit de San Petersburgo, club en el que juega ahora. Lo hacemos porque recién acabamos de saber que el agente futbolístico al que la directiva del Barça encargó el fichaje de esa sombra futbolística, Josep Maria Minguella júnior, se embolsó la redonda cantidad de diez millones de euros por tal sacrificio. El agente ha desmentido de palabra que esta sea la cantidad real de sus honorarios que, según su versión, se reducen a poco más de un millón. No obstante, el contrato, desvelado por la cadena SER, dice lo que dice y no otra cosa si hacemos caso a los periodistas que han firmado la información.

Desde que nos expulsaron del Edén por morder una manzana nunca el sudor de la frente con el que nos condenaron a tener que ganarnos el pan había alcanzado una cotización tan elevada. Por cierto, supongo que a estas alturas usted ya sabe que esa manzana la mordió Adán y que solo la lógica hetero patriarcal con la que se ha escrito la historia atribuye el pecado a Eva.

Sodoma y Gomorra monetario

Pero volvamos a Malcom. Esos diez millones no deben nublarnos la vista. Tampoco es para tanto y con poco esfuerzo puede entenderse que esa cantidad no es sino una bagatela. Atento al ejemplo: la cuota de socio del Barça esta temporada es de 185 euros. Así que para sumar diez kilos basta con la cuota íntegra de 54.054 socios. Hasta llegar a los 140.000 nos sobran un porrón de socios. Tantos que, de haber recibido el encargo, el representante se hubiera podido traer no uno, sino dos Malcom y medio.

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No crea el lector que en estas líneas hay una sola letra que apunte a la crítica de los honorarios de los agentes futbolísticos o a las indemnizaciones que deban abonarse para hacer efectivo un fichaje. Al contrario. Nos parece de lo más razonable que cada cual gane tanto dinero como sea capaz de embolsarse. ¡Faltaría más! Estamos muy a favor de la inteligencia práctica y relamerse los labios tras comerse a cucharadas un frasco entero de miel lo es.

Otra cosa es si el pagano, léase el socio, tiene motivos para cuestionarse si ese dinero está bien gastado o, si por el contrario, llega a la conclusión que el futbol está en manos de gente que, aparentando seriedad, o a veces ni tan siquiera eso, vive en una Sodoma y Gomorra monetaria sin principio ni final. Pero aun así no habría motivos para preocuparse. El socio tiene mala memoria. ¿Malcom? ¿Quién es Malcom?

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