Pasión por los libros

El erotismo de las bibliotecas

Más allá del orden alfabético, es el reflejo de un sistema personal, con unas decisiones y manías que lo convierten en un juego fascinante

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Reyes Magos y libros

Reyes Magos y libros / Mònica Serra

Quizá lo han visto: corre por Youtube un vídeo en el que el escritor Umberto Eco se pasea por su biblioteca en Milán. De hecho, da la impresión que es todo un piso convertido en biblioteca, con pasillos, mesas rebosantes de libros, salas y más salas repletas de estantes que se convierten en un laberinto. La pregunta que suelen hacer los poco lectores ante una biblioteca magnífica como esta -¿los has leído todos? - aquí es más impertinente que nunca, porque Eco entendía su biblioteca como una herramienta de investigación, con muchos libros de consulta. Dicen que había más de 30.000 volúmenes, pero a mí me gusta pensar que en algún rincón de su casa tenía un estante privado, o tal vez en la mesilla de noche, con los libros que quería más y las últimas adquisiciones.

Porque una biblioteca personal es también un lugar íntimo y privado, que dice mucho de cada uno. Caminamos por la calle e ignoramos que detrás de algunas ventanas, en pisos modestos o en casas discretas, hay bibliotecas que son únicas, exquisitas en su elección -la obra de toda una vida, el reflejo de una obsesión-. Es una de las lecciones que podemos extraer de 'Cómo ordenar una biblioteca' (Anagrama), un libro reciente del editor y ensayista Roberto Calasso. A partir de su experiencia, Calasso nos invita a mirar nuestros estantes. Más allá del orden alfabético, una biblioteca es el reflejo de un sistema personal, con unas decisiones y manías que lo convierten en un juego fascinante. ¿Qué títulos quedan de lado, formando alianzas inesperadas; qué libros preciados guardamos, dándoles un lugar destacado; que obsesión momentánea hemos olvidado, sin leer, y solo años más tarde se convierte en una sorpresa agradable...?

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Quizá porque son el reflejo de esta intimidad que decía, también hay un erotismo de las bibliotecas, incluso una pornografía. Por eso también frecuentamos las bibliotecas públicas y las librerías -Calasso elogia La Central, de Barcelona, como un lugar ideal, donde siempre sales con algún título y a menudo no es lo que buscabas-, y por eso más de un lector irá a ver el documental 'Libreros de Nueva York', que se acaba de estrenar en los cines. 'The Booksellers' -el título original- es un recorrido por las librerías de segunda mano de Nueva York, de anticuarios y vendedores de ocasión que tratan el libro antiguo y moderno, el ejemplar único y la edición de coleccionista. La película tiene un tono elegíaco por un negocio que ha cambiado mucho con el acceso de internet -se ha perdido en parte la emoción de la investigación que podía durar años-, pero es, sobre todo, un canto al amor por los libros. Sobresale el ejemplo de las tres hermanas de Argosy Books, que resisten en el negocio que su padre inició en 1925, o el de los libreros que se han tenido que llevar trabajo a casa y los libros ya han colonizado la cocina. Entre los lectores que hablan de su pasión, están las opiniones siempre radicales y sensatas de Fran Lebowitz, y no me sorprendería que su presencia sea la razón del estreno, ahora, de este documental entrañable.