Disturbios en Catalunya

No quiero un modelo John Wayne

Los socios de ERC predican su rechazo a que exista una brigada especializada en contener los desórdenes

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Mossos durante las protestas contra la detención de Pablo Hasél, el sábado 21 de febrero en Barcelona.

Mossos durante las protestas contra la detención de Pablo Hasél, el sábado 21 de febrero en Barcelona. / AFP / PAU BARRENA

La quema de contenedores y los saqueos, así como el consiguiente regreso de un cabreo colectivo transversal que incluye a muchos votantes independentistas, pueden acabar teniendo un efecto positivo. A Junqueras, Aragonès y ERC, que se disponen a dirigir la gobernación de Catalunya, les ha recordado cuál es el horizonte inmediato de desgobierno si no rompen la continuidad del trasfondo nihilista puigdemonísta que hemos padecido. ¿Sabrán hacerlo?

En el mundo 'indepe' el gran eje operativo es el viaje conjunto por conveniencias que efectúan Junts y la CUP. Unidos frente a ERC tienen fuerza numérica para imponerse en los pulsos internos del próximo Govern y del próximo Parlament aunque no presidan la Generalitat. Si Aragonès no sabe ser un President de verdad tendrá que rebajarse a ser el que ponga la cara incluso en posturas que le parezcan perniciosas. 

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Tenemos el ejemplo de los desórdenes. Para no incomodar a la CUP Aragonès ha desempeñado su primer papel blandito tras las elecciones y ha tardado todo lo posible antes de condenar la violencia de los radicales. El grueso de los manifestantes por la libertad de expresión no eran los que luego protagonizaron la guerrilla urbana, pero él no reprochó nada a los segundos. ¿Por qué? Porque si hubiesen actuado contra los violentos unas tanquetas de agua con poca presión --para no dañar-- pero con tinta con capacidad de marcar, tal vez habríamos estado después varios días sin presencia pública de algunas personas conocidas. 

Si ERC quiere una etapa de avance hacia la independencia pero sin conflictividad necesita el apoyo, quizás indirecto, de los constitucionalistas que suscriben la no conflictividad, aunque para conseguirlo deberá aceptar tensiones públicas con Waterloo y la CUP. Si Aragonés no articula ese frente amplio para la convivencia no será posible nada. Ni siquiera, claro, debatir con seriedad cómo debe defenderse nuestra sociedad de los agresores. Los socios de ERC predican su rechazo a que exista una brigada especializada en contener los desórdenes. ¿Cuál es su modelo alternativo? Confío en que sea válido y que los comerciantes no tengan que defender sus tiendas de los pillajes, ay, como John Wayne. ¿Estará Aragonès a la altura?