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Una mujer con mascarilla de tela en Barcelona.

Una mujer con mascarilla de tela en Barcelona. / Jordi Cotrina

De vez en cuando, como por azar, quizá con un mensaje oculto, se dispara una secuencia programada del móvil o del ordenador que te invita a revisitar lo que hacías hace un año. O dos. O cinco. Como es probable que la curiosidad sea más fuerte que el desprecio, acabas entrando en el álbum de recuerdos que te proponen y evocas aquellos momentos: un viaje, una comida memorable, un paseo romántico, juegos con los niños en un parque infantil, la excursión a una montaña. También puedes encontrar sorpresas incómodas, claro, pero la mayoría de fotografías que hemos guardado nos recuerdan que un día fuimos felices o que, en todo caso, sin pedir tanto, hicimos cosas fuera de las habituales que hacemos cada día.

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A partir de la próxima semana, estos recordatorios (los del 2020, desde el mes de marzo) serán monótonos. Quizá destacará el día primero que volvimos a salir, la primera tarde que nos sentamos de nuevo en una terraza, un abrazo casi clandestino. Pero habrá, sobre todo, repetidas imágenes de sofás y pantallas, de interiores y soledad. Un año donde nos habremos descubierto y habremos descubierto lo importante que era saber con quién podemos contar.

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