Pactos tras el 14-F

ERC y JxCat, el obligado 'reset'

Republicanos y junteros debieran ver que colaborar y gobernar bien incrementa sus expectativas electorales y es el mejor camino para progresar hacia la independencia

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Pere Aragonès, Laura Borràs y Quim Torra en una imagen de septiembre del 2020, ante el Tribunal Supremo, en Madrid.

Pere Aragonès, Laura Borràs y Quim Torra en una imagen de septiembre del 2020, ante el Tribunal Supremo, en Madrid. / Europa Press / Eduardo Parra

Me temo que seguimos mal. O bastante mal. No veo que en el plano político las cosas hayan dado un giro trascendental desde el domingo 14 hasta hoy. Mejor, sin embargo, que primero recapitulemos brevemente. Contra lo que algunos, pegados a las respuestas de los ciudadanos en las encuestas, pronosticaron, las elecciones del 14-F se vieron mucho más condicionadas por la dialéctica entre independentismo y anti-independentismo que por la discusión en torno a cómo rescatar la economía y paliar los estragos sociales de la crisis. El eje izquierda-derecha estuvo presente, desde luego, pero el leitmotiv fue una vez más la relación entre Catalunya y España, junto con de la situación de los líderes independentistas presos y los que se hallan en el extranjero.

Creo, sinceramente, que es en estos términos que hay que interpretar los resultados. Lo que los catalanes decidieron con su voto fue otorgar por primera vez al independentismo la mayoría absoluta no solo de diputados, sino ahora también de votos. Los partidarios de la independencia superaron el 51% de los sufragios válidos, 74 diputados de 135. Intentar deslegitimar el resultado esgrimiendo la -desgraciadamente- baja participación se me antoja un argumento de conveniencia, un intento poco solvente de devaluar la victoria independentista. Por otro lado -parece mentira que a estas alturas haya que recordarlo-, nadie puede apropiarse de la voluntad no expresada de los abstencionistas.

A la vista de lo referido, no parece discutible que a quien corresponde la iniciativa de formar gobierno es a ERC, pues de entrada es el partido en mejor posición para reunir una mayoría suficiente (absoluta o, si no, de más diputados a favor que en contra) para la investidura de Pere Aragonès. ¿Es obligado que Aragonès sea presidente y forme gobierno? No. Perfectamente podría llegar a serlo Carlos Carrizosa, si Ciutadans lograra los correspondientes apoyos. O Salvador Illa, que obtuvo los mismos diputados que ERC y la superó en papeletas. 

Nos encontramos en días de negociaciones. Y me temo que no vamos bien. O, al menos, no hemos empezado bien. Veamos. ERC se ha dedicado a priorizar a la CUP y a los comunes, dejando en segundo plano a los de Puigdemont. Una grosera maniobra envolvente de primero de negociación, sustentada en la supuesta voluntad republicana de un inviable y desaconsejable Govern a cuatro (ERC, JxCat, CUP y En Comú Podem).

Lo normal es que unos y otros se hubieran percatado de que los resultados del 14-F no son una ovación por parte de los ciudadanos, sino una segunda oportunidad

A su vez, un puñado de responsables de Junts per Catalunya -entre ellos Laura Borràs y el propio consejero de Interior, Miquel Sàmper- ha exhibido ante la agresiva censura de la CUP a los Mossos una falta de convicción y de sentido institucional que es para echarse a llorar. No se dan cuenta todavía -y mira que podrían haber escarmentado- de que, aparte de para hacer el ridículo, de nada sirve claudicar ante los anticapitalistas.

Aparentemente, ERC y JxCat siguen actuando según la misma pauta de antes del 14-F. Lo normal es que unos y otros hubieran llevado a cabo una profunda reflexión y examen de conciencia sobre lo ocurrido en la última legislatura. Y que se hubieran percatado de que los resultados del 14-F no son una ovación por parte de los ciudadanos, sino una segunda oportunidad -no merecida y tal vez la última- que no pueden permitirse el lujo de desaprovechar. 

No es tan difícil hacerlo bien. Sobre todo, no es difícil hacerlo mejor que hasta ahora. Porque, se diga lo que se diga, parezca lo que parezca, en el fondo no estamos ante un choque de estrategias irreconciliables (a estas alturas JxCat sabe perfectamente que la independencia no nos espera a la vuelta de la esquina). Se trata del factor humano, concretamente de su parte menos encomiable. 

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Republicanos y junteros debieran ver lo obvio, esto es, que deben hacer un 'reset' y olvidar -o guardar bajo llave en un oscuro baúl- afrentas y cuentas pendientes. Ahora toca colaborar lealmente de una vez, y abandonar la pelea mezquina de arañazo y tirón de moño que hemos venido soportando. Y no solo porque así se servirá mejor a la ciudadanía. Es colaborando de la única manera en que ambos pueden incrementar sus expectativas electorales. Un 'win-win'. Aún más: colaborar y gobernar bien -que no significa renunciar a nada- es igualmente el mejor camino para progresar hacia la independencia, un camino que pasa, entre otras cosas, por consolidar una incontestable y duradera mayoría social.