Pros y contras

Aislados

El teletrabajo presenta grandes ventajas, pero sin espacios laborales compartidos se cercena el intercambio creativo, se merma la conciencia colectiva y se agrava la desigualdad

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Imagen de archivo de una persona teletrabajando

Imagen de archivo de una persona teletrabajando / El Periódico

La historia de la humanidad está repleta de nombres singulares. Personificaciones de avances indiscutibles que, sin embargo, no hubieran sido posibles sin una legión de anónimos que impulsó o allanó el camino para que esos nombres refulgieran. No hay avances sin una concentración de intereses. Las grandes movilizaciones -y los grandes movimientos- siempre se han generado a partir del plural

Una multiplicidad de causas nos ha llevado a la era del individualismo. Desde un consumismo centrado en el yo y una cultura que ha sobredimensionado el esfuerzo propio, hasta el fracaso de las utopías del siglo XX o, incluso, unas redes sociales que producen un efecto placebo de la socialización.

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La pandemia ha agravado el aislamiento. El teletrabajo presenta grandes ventajas, pero sin espacios laborales compartidos se cercena el intercambio creativo, se merma la conciencia colectiva -indispensable para proteger los derechos laborales- y se agrava la desigualdad. No es lo mismo trabajar en una vivienda de 120 metros cuadrados que en la pequeña habitación de un piso compartido. Al fin, el aislamiento debilita a la ciudanía. Los salones del poder siguen siendo presenciales.