POR QUÉ SE EMPATA Y SE PIERDE

Miren delante, no miren detrás

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Clément Lenglet se lamenta de un error.

Clément Lenglet se lamenta de un error. / AFP / CRISTINA QUICLER

Tú puedes mirar a Sergiño Dest, a Gerard Piqué, a Ronald Araújo, a Clément Lenglet, claro, sí, por supuesto, de quien Ronald Koeman ha dicho hoy que se martiriza demasiado y se siente culpable de casi todo lo que le ocurre al Barça, a Jordi Alba, a Sergi Roberto, que vaya mala suerte está teniendo, a Samuel Umtiti, cuyos problemas físicos pueden hasta desesperarte por lo que duelen, a Óscar Mingueza e, incluso, a Júnior Firpo y pensar qué ha hecho ese chico para lucir esa camiseta.

Puedes, en efecto, mirar a toda la defensa del Barça y pensar que, si no existiese Ter Stegen, el desastre sería aún mayúsculo, aunque parezca imposible. Diga lo que diga Koeman, que aún cree según contó ayer (y añadió: “De cara al exterior, tengo que defender siempre a los míos”), todos tuvimos la sensación de que el Barça se despidió de la Liga con ese desastroso e increíble empate con el Cádiz (1-1).

Miedo a que te pillen

Yo, que tengo un par de gargantas profundas en el vestuario azulgrana (de algo me han de servir mis 68 años) que ni Koeman pillará, les puedo asegurar que los que saben de fútbol ahí dentro, en esas catacumbas, tienen dos razones fundamentales, que yo comparto, por las que se produjo ese empate a uno y, posiblemente, muchas de las derrotas y empates que ha cosechado el Barça esta temporada.

Una, con el 1-0 buscaron el 2-0 con temor a encajar el 1-1. Quiero decir (o piensan ellos), que atacaron buscando el definitivo gol, que no llegó porque volvieron a fallar mucho delante, pero vivieron, jugaron y se comportaron como un equipo con miedo, pequeño, sin decisión, sin determinación, sin coraje, sin categoría, sin ambición, temiendo “hacer el ridículo” si les pillaban, de nuevo, en un renuncio. No se fueron alocadamente al ataque y les pillaron casi más allá del minuto 90. Hicieron el ridículo, pese a todas sus precauciones.

Sin 'Ney' ni Suárez, claro

Y, dos, y más convincente argumento: ya no somos los que éramos, nos falta mucha (demasiada) calidad delante y, sí, tiene razón Tintín: es increíble cómo se pueden fallar tantos goles. Y es que, lo siento (o no), antes jugaban Neymar y Suárez (junto a Messi), y ahora, cuando Messi es menos Messi, encima juega acompañado de un desorientado Griezmann, un acelerado y alocado Dembélé, un...., bueno, digamos Braithwaite y un novato Trincao.

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¿Quieren algunos datos más? El Barça lleva 50 goles en esta Liga, con 372 tiros a puerta; el Atlético suma solo cinco tantos menos, es decir, casi los mismos, con 100 tiros menos. ¿Más?, por estas mismas fechas, en el 2019, Messi sumaba 21 goles (era Pichichi) y Suárez, 16, y era segundo; en el 2018, Messi sumaba 22 y Suárez, 20, y eran primero y segundo de la clasificación de goleadores y, en el 2016, Suárez sumaba 25, ‘Ney’, 18 y Messi, 15. Ahora, en la jornada 24, el máximo goleador culé de la Liga es Messi, con 16 tantos. ¿Saben quién es el segundo?: Griezmann, en el puesto 14, ¡¡¡¡en el 14!!!!, con 6. ¿Y el tercero?, Ansu Fati, con 4, sí, sí, Ansu Fati.

Por eso no ganan fácil, no por culpa de Lenglet, no.

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