Hablar de cine

El teléfono roto

La velocidad de los tiempos y el gusto por la polémica conlleva la reducción (mediática y en redes sociales) de todo a un extracto llamativo, a menudo sacado de contexto

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Martin Scorsese, durante el rodaje de la película ’Hugo’.

Martin Scorsese, durante el rodaje de la película ’Hugo’. / AP / JAP BUITENDIJK

Esta semana empezó con una mezcla de aplausos y ataques a Martin Scorsese por algunas de las opiniones sobre el estado del cine que formula en su ensayo 'Il Maestro', publicado en 'Harper’s Magazine'. Puedes compartir o no sus tesis, pero el texto, obviamente, es buenísimo. Hace unos días, las redes sociales recibían con una mezcla de sorpresa y tristeza la primera entrevista en muchos años a la actriz Shelley Duvall, escrita por Seth Abramovitch para 'The Hollywood Reporter'. Solo unos días antes, 'The Empire Film Podcast' nos había regalado una extraordinaria conversación ¡de tres horas! entre Edgar Wright y Quentin Tarantino, de la que Twitter y los medios de comunicación decidieron quedarse con la opinión del segundo sobre 'Joker' (2019). Y, aunque pasó más desapercibido que todo esto otro, el canal de vídeo Louisiana Channel publicó a finales de 2020 una entrevista impresionante con Lars von Trier.

Todo esto ha pasado en menos de dos meses, y es una noticia magnífica. Por eso resulta tan frustrante la tendencia, a día de hoy, a infravalorar con tanta ligereza todo ese material. En todos los artículos, entrevistas y conversaciones enumerados hasta aquí se habla de cine. Se habla muy bien de cine. Se habla de su pasado, presente y futuro. Se habla con pasión de las películas. Se habla del cine como necesidad, consuelo, adicción y arma de doble filo. Se profundiza, desde distintos ángulos, en los filmes y sus implicaciones. Se habla, en última instancia, de querer hacer y ver películas. Y, sin embargo, pese a su valor, las propuestas que no han sido menospreciadas (u olvidadas) han sido tratadas como si fueran poco más que una entrevista promocional random.

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La velocidad de los tiempos, la tendencia al enfado y el gusto por la polémica conlleva la reducción (mediática y en redes sociales) de todo, absolutamente todo, a un extracto llamativo, a menudo sacado de contexto y malinterpretado gracias al juego favorito de Twitter: el del teléfono roto. Pero precisamente por eso, porque la conversación (fuera, por ejemplo, de 'podcasts' especializados o entornos académicos) no abunda, es importante agarrarse a estas propuestas y continuarlas antes de que se conviertan definitivamente en algo exótico.