Apunte

Melancolía versus inspiración

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Haaland intenta escaparse de Koundé.

Haaland intenta escaparse de Koundé. / AFP

La primera semana de octavos en Champions me deja una sensación de melancolía notable. Será por la añoranza del rugido de la grada ante partidos de la talla del Barça - PSG del martes, o por no poder disfrutar de los aficionados sevillistas cantando su maravilloso himno con las bufandas mirando al cielo de Sevilla. O, no lo niego, por la sensación de pérdida de status que percibo cuando los españoles nos asomamos ahora a Europa.

Hubo un tiempo, no hace tanto, que los octavos eran una nueva ocasión para dos «bichos», el 10 el Barça y el 7 del Real Madrid dedicados a cultivar su carrera por la excelencia y a hacer todos los goles imaginables para demostrar ser un poquito mejor que el otro en el mejor escaparate posible. El fútbol mundial estaba pendiente de España.

La tormenta perfecta

El martes uno de ellos, Messi, asistió de cerca al debut de Mbappé en el Camp Nou, en el llamado «jardín de Leo». Fue la tormenta perfecta. Un estreno inolvidable que da paso a nuevas fantasías futboleras. Al salir me preguntaba qué falta podría hacerle Messi al PSG si habían jugado así incluso sin Neymar ni Di María... Y es que probablemente el rumbo de Leo sea otro, pese al mareo de declaraciones desde Paris en las últimas semanas.

¿Estará arrancando una nueva rivalidad que tome el relevo de los duelos Messi-Cristiano? No lo creo, mientras ambos jugadores no coincidan en la misma Liga

Y mientras Cristiano, el rival de una década, languidecía en Oporto, un gigante noruego recordaba la voracidad del portugués. «Me inspiré en los tres goles que marcó Mbappé en el Camp Nou», dijo Haaland tras hacerle dos al Sevilla en el Sánchez Pizjuán.

Precocidad brutal

¿Estará arrancando una nueva rivalidad que tome el relevo de los duelos Messi-Cristiano? No lo creo, mientras ambos jugadores no coincidan en la misma Liga. Y eso no parece que vaya a producirse próximamente.

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Haaland y Mbappé son tan diferentes entre sí como lo eran Messi y Cristiano. Tienen una juventud, un presente y un futuro extraordinario. Pero en precocidad ganan por goleada. Con 21 años Messi había hecho 8 goles en la Champions. Mbappé más del doble, 19, y Haaland, con 20, lleva 18. 

Lástima que ni Barça ni Real Madrid tuvieran un Monchi para cazar a dos talentos semejantes. Ahora no hay dinero ni para dejarles una llamada perdida.