EL PSG CASI DEVUELVE EL 6-1

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado

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Leo Messi, decepcionado ante el PSG.

Leo Messi, decepcionado ante el PSG. / EFE / ALBERTO ESTEVEZ

El bueno de Ronald Koeman dijo en la previa de este espectacular (por los franceses, digo) PSG-Barça, que, en este 2021, aún no había visto un equipo superior al suyo y que los partidos que habían perdido y/o empatado ante conjuntos grandes, importantes, de peso, de nivel, habían sido “todos” con muchas posibilidades de ganarlos.

Pues bien, ya lo ha visto. Y lo ha visto en el peor día posible, en la competición más llamativa para todos y, por supuesto, frente a un adversario que llegó marcado a fuego por el recuerdo del 6-1, en un Camp Nou precioso, bullicioso, feliz, eufórico, festivo, sonoro y donde hasta se produjo la foto mítica de Leo Messi, casi desaparecido anoche y/o devorado por un muchacho llamado Kylian Mbappé, que, en efecto, es el ‘heredero’, no le demos más vueltas.

Parecía igualado, sí

Lo que anoche ocurrió en el Camp Nou es lo que muchos se temían el día que se celebró el sorteo. Luego, claro, algunos maquillajes del Barça, algunos momentos brillantes (ante enemigos más que asequibles; repito, ante los buenos-buenos, diga lo que diga Tintín, se falló) y, sobre todo, los instantes grises vividos por el propio Mbappé antes de llegar al Camp Nou y, más aún, las ausencias de los dos arquitectos del PSG, Neymar y Di Maria, nos hicieron creer (sí, sí, yo fui uno de los que así pensaba) que la cosa estaba, más o menos, igualada.

Es evidente, claro, cristalino (y ahí no hay por qué engañarse, era un clamor) que este es el Barça que heredará el futuro presidente. Está muy claro que el conjunto azulgrana da para lo que da e, incluso, hoy, cuando la cosa tiene cara de cero de seis (Liga, Copa y Champions están a años luz de remontarse), hay que reconocer que, no solo Koeman lo está intentando, es decir, está tratando de que aparezcan brotes verdes, sino que, incluso, uno de los grandes capitanes, Gerard Piqué, ha demostrado su amor, su cariño y su profesionalidad, no solo haciendo el esfuerzo (y arriesgándose) a volver antes de tiempo, sino también viviendo a gritos el partido de la derrota más llamativa del año.

Temporada para olvidar

Todos nos negamos, Koeman, el primero, a vivir este encuentro, no ya la eliminatoria, que, de pronto, ha dejado de existir, como un duelo (ausente el gran, el inmenso, el estilete ‘Ney’) entre Messi, nuestro gran Messi, aquel que nos sostiene vivos, metidos en la pomada, y Mbappé. Es cierto que el fútbol son 11 contra 11, pero no es menos cierto que el chicho que ha nacido, dicen, para jugar en el Real Madrid, fue ayer un auténtico dios sobre el césped azulgrana.

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Y, en ese sentido, si algo queda claro (y es bueno para el Barça, digo, no sé) es que el PSG, el estado de Catar, el rico, riquísimo. Nasser Al-KhelaÏfi, no necesita a Messi para ganar esta Champions, así que, como le gritaban los forofos culés a las puertas del precioso hotel W, “¡deja a Messi en paz!”

No fue la noche de Messi, tampoco la de Koeman que, tal vez, creyó que jugando ‘a lo Real Madrid’, podía plantarle cara al PSG, cazar alguna contra y llegar vivo a París. Pero no, este Barça da para lo que da. Fue 1-4, pero pudo ser la respuesta del 6-1, es decir, 1-6. O más. Y colorin colorado, este cuento se ha acabado.