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‘Efecto Illa’ pese a la abstención

Aunque con pocas posibilidades, el candidato del PSC se presentará a la investidura, a diferencia de Inés Arrimadas en 2017

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El candidato a la presidencia de la Generalitat por el PSC  Salvador Illa  valora los resultados electorales este domingo.

El candidato a la presidencia de la Generalitat por el PSC Salvador Illa valora los resultados electorales este domingo. / Efe / Toni Albir

Con una participación de poco más del 50%, el análisis de los resultados en el campo constitucionalista no puede obviar la enorme abstención producida. La abstención tiene causas diversas en estas elecciones -la pandemia, el hartazgo con la situación de impotencia y estancamiento político, la meteorología, etcétera-, pero no se puede olvidar la trascendencia del dato, como suele ser habitual. Con la abstención ocurre que solo preocupa hasta las seis de la tarde, cuando sale el último dato de participación. Pero en cuanto se publican los sondeos y empieza el escrutinio, todo el mundo se olvida de la abstención para hablar de resultados y de pactos. Esto es también decisivo para aplicarlo en el mantra de la superación del 50% para que los independentistas propongan o no una nueva DUI. ¿Qué importancia tiene saltar esta barrera con una participación tan débil? 

Con una abstención tan alta, tiene aún más valor el primer puesto en votos alcanzado por el PSC, perjudicado una vez más por una ley electoral absolutamente injusta, que prima a los territorios del interior en detrimento de la Catalunya urbana. El PSC ha sumado más votos que en 2017 y ha doblado los escaños, pasando de 17 a 33. El 'efecto Illa' existía y las urnas lo han confirmado. El candidato del PSC anunció este domingo que se presentará a la investidura. Este es un cambio sustancial en relación con lo que hizo Inés Arrimadas en 2017, aunque las posibilidades de que Illa gobierne son escasas. Pero si los independentistas, que está por ver, logran formar Govern, el PSC hará una oposición firme, sin huir del Parlament y sin desentenderse de la gobernabilidad de Catalunya, como hizo Ciutadans (Cs).

Esta actitud no es ajena a la catástrofe electoral de Cs en estas elecciones, en las que ha perdido 30 diputados, un descalabro comparable al que sufrió Albert Rivera en las últimas generales y que le llevó a la dimisión y al abandono de la política. La derrota estrepitosa de Carlos Carrizosa -Cs pasa de primera fuerza a séptima, la penúltima- coloca al partido en una situación límite y pone también a Arrimadas frente al espejo de la dimisión. Cs ha pagado su inacción durante toda la legislatura y la pérdida de su condición de muro de contención del independentismo, que fue lo que le dio una victoria prestada en las tensas jornadas de 2017.

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Pero lo peor en el campo no independentista es la irrupción de Vox en el Parlament, nada menos que con 11 diputados, la cuarta fuerza política de la Cámara. Durante toda la campaña, el PP temía el 'sorpasso' de Vox, pero la realidad es que casi ha cuadruplicado sus escaños. Este resultado es dramático para el PP catalán, que tenía un buen candidato mal arropado, y es también una catástrofe para el PP de Pablo Casado, cuya errática política frente a Vox paga ahora en Catalunya. Casado ve cada vez más cerca a Santiago Abascal en el retrovisor porque ante la extrema derecha no puede haber concesiones. Si te acercas a ella, si blanqueas su política, al final es la extrema derecha la que recoge lo que se siembra.