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Avance independentista y triple derrota de Puigdemont

ERC tiene la sartén por el mango. De Junqueras depende que se abra una nueva etapa o que se tengan que repetir las elecciones

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Pere Aragonés (ERC), durante un acto telemático en campaña.

Pere Aragonés (ERC), durante un acto telemático en campaña. / ACN / ERC / Marc Puig

Las elecciones han supuesto un avance del bloque independentista, que ha rebasado el mítico techo del 50% de los votos, pero han representado un fracaso para Carles Puigdemont, que cosecha una triple derrota. Los socialistas de Salvador Illa y Miquel Iceta, denostados por él como el 'partido de la represión', han ganado las elecciones y sus acérrimos adversarios dentro del independentismo, Esquerra Republicana, han llegado en segundo lugar, relegando Junts per Catalunya a la tercera posición. Lo peor para él es que sufre estos dos reveses el día en que el independentismo cosecha sus mejores resultados en porcentaje, aun perdiendo votos respecto de 2017.  

El independentismo ha perdido menos votos hacia la abstención que el llamado bloque constitucionalista, lo que le ha permitido rebasar ligeramente el 50%. A diferencia de lo ocurrido en 2017, y en las elecciones europeas, la lista encabezada por Pere Aragonès ha llegado por delante de la de Puigemont y Laura Borràs. Un resultado histórico para ERC, que no había conseguido liderar el nacionalismo catalán en ninguna de las 12 legislaturas que ha conocido el Parlament, desde 1980. La victoria obtenida por Oriol Junqueras tiene, por lo tanto, un valor histórico, en términos de la batalla por la hegemonía que ha librado en los últimos años desde la cárcel de Lledoners. Lo más grave para Puigdemont es que Junts per Catalunya parece haber perdido votos en direcciones opuestas: hacia la CUP y hacia el PDECat, que se ha quedado a las puertas de entrar en el Parlament. Hacia la radicalidad y hacia la moderación.

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La mayoría independentista en la nueva Cámara será tan holgada como difícil de administrar en cuanto a formar gobierno, teniendo en cuenta que la CUP insiste en la vía unilateral y que Esquerra Republicana opta por lo que ha llamado una 'vía ancha', esto es, un proceso de negociación con el Gobierno de Pedro Sánchez para responder a las urgencias sociales derivadas de la pandemia y para activar una mesa de negociación sobre el conflicto político. Cabe otra fórmula, un acuerdo entre ERC y JxCat, con la abstención de la CUP. Sin embargo, sin romper los bloques que han dominado la política catalana en la ultima década, no hay Gobierno estable a la vista. Sin una decisión de ERC de levantar vetos suscritos en el tramo final de la campaña, prevalecerá la inestabilidad y la pugna entre los socios independentistas. Si ERC opta por reeditar un Gobierno como el de Quim Torra, liderado por Aragonès, sumando votos con Junts per Cat y alguna abstención, la lucha fratricida entre los dos socios puede ser peor de lo que fue durante la última legislatura. Las relaciones de Junqueras y Aragonès con Puigdemont nunca fueron buenas. Tras la triple derrota sufrida por este, no pueden sino empeorar. Esquerra Republicana tiene la sartén por el mango. De Junqueras depende que se abra una nueva etapa o que se tengan que repetir las elecciones.