Las elecciones del 14-F

El entierro del 'procés'

Por mucho que se conjuren para no votar con el PSC, para los partidos independentistas nada será igual por las tensiones entre JxCat y ERC, la recuperación socialista, las urgencias sociales y el empacho de una sociedad que pide un cambio

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Una mujer, ante unos carteles de las elecciones catalanas del 14 de febrero.

Una mujer, ante unos carteles de las elecciones catalanas del 14 de febrero. / Carlos Márquez Daniel

Por mucho que los partidos independentistas se hayan conjurado para no pactar con el PSC, estas elecciones certificaran el entierro del ‘procés’. No pondrán fin a un conflicto que tiene raíces profundas, pero sí a las formas y la virulencia que este conflicto ha adoptado en la última década. Por mucho que algunos se empeñen en perpetuar los bloques, la campaña y las encuestas han revelado el hartazgo de una mayoría que reclama un Gobierno capaz de superar la polarización. Todo lo contrario del espíritu que anima la insólita declaración de los independentistas inspirada en las desafortunadas palabras de Lluís Llach. ("Si no votamos a los nuestros, vendrán los otros"). Veamos lo que puede ocurrir con los tres escenarios que permiten las encuestas.

Si gana el PSC, el cambio será de calado, y no digamos si Salvador Illa logra formar Gobierno con el apoyo de los 'comuns' y suficientes abstenciones. No lo tiene fácil, por el insólito compromiso suscrito por los independentistas, sin embargo, aunque Illa quede como jefe de la oposición, nada será como antes. Para el independentismo, no será lo mismo tener enfrente a un partido de larga tradición catalanista como el PSC que vérselas con una formación como Ciudadanos, que hizo del nacionalismo español su única arma de oposición. Aunque gane Salvador Illa, puede ocurrir que los partidos independentistas se pongan de acuerdo para votar a un presidente salido de sus filas. Pero si la iniciativa la lleva Pere Aragonès, Junts per Catalunya pondrá un precio muy alto a cualquier pacto, socavando la posición de Esquerra como interlocutor privilegiado de Pedro Sánchez. Y si Laura Borràs es quien opta a la presidencia, como segunda fuerza, aquello será Troya para los republicanos que partían como favoritos. Malos tiempos para el 'procés'.   

Si llega primero JxCat, Esquerra quedará en una situación comprometida. Un Gobierno independentista será más viable si el PSC es el tercer grupo parlamentario, pero esto es improbable, porque Borràs solo puede crecer a expensas de Aragonès. Y una Esquerra relegada al tercer lugar constituiría, nuevamente, una catástrofe para los republicanos. En estas condiciones, la reedición de un pacto como el que llevó Quim Torra a la presidencia podría ser un suicidio para ellos. En 2018 corrían otros tiempos. No se hablaba de indultos, el ‘procés’ vivía su momento álgido, Catalunya estaba inundada de lazos amarillos y Puigdemont marcaba el paso desde Waterloo. Ahora, los pocos lazos que quedan están descoloridos y las calles están vacías, no solo por la pandemia. En estas circunstancias, lo más probable es que Junqueras lo tenga difícil para apoyar a quien le habrá vuelto a humillar en las urnas, como ocurrió en las europeas. Mal asunto para el ‘procés’.

Ninguna de las cábalas, ni la más favorable para Illa ni la más beneficiosa para el independentismo, lleva a un Gobierno estable

Si gana Esquerra Republicana, y JxCat llega en segundo lugar, lo lógico es que Junqueras abogue por un Gobierno independentista liderado por Aragonès. Pero Puigdemont venderá muy caro su apoyo, para tapar su derrota, y la unidad necesaria para volver a las andadas quedará hecha trizas. Si Borràs quedara en tercer lugar, peor aún. La derrota del 'expresident' sería de tal magnitud que lo más probable es que JxCat se echara al monte, a remolque del Consell per la República, destruyendo cualquier unidad. Este el más bronco de los escenarios, y pondría en un brete a ERC. También podría ser, paradójicamente, el que más favoreciera un acuerdo de izquierdas

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Ninguna de estas cábalas, ni la más favorable para Illa ni la más beneficiosa para el independentismo, lleva a un Gobierno estable. Y en el caso de que haya que repetir elecciones, será la prueba de que el ‘procés’ ha conducido a un callejón sin salida. El conflicto con el Estado seguirá marcando la agenda política catalana, pero el clima será otro, y si llegan los indultos, aún más. De tal modo que, por mucho que los independentistas vuelvan a ganar en escaños, la inestabilidad política seguirá siendo la norma y el ‘procés’ no volverá ser lo que fue. Por las tensiones entre sus dos principales impulsores, por la recuperación del PSC, por las urgencias sociales de la crisis y por el empacho de una sociedad que reclama cambios.