Machismo

El miedo

Es esta la herramienta de control más grande que tiene el patriarcado: esta vez no has sido tú, pero podrías

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El miedo

Una niña de 12 años me dice que ha desaparecido una compañera de su instituto. Que el día anterior la persiguieron unos hombres, que finalmente no pasó nada y que hoy no ha vuelto a casa. La primera reacción que tengo es alertarla, recordarle que no vuelva a casa sola, ni de día ni de noche, que tenga cuidado, y que cualquier día puede ser ella. Esta es la primera reacción, la reacción de alguien que quiere a otro, en este caso una niña de 12 años que apenas empieza a hacer vida en la calle sin supervisión adulta.

La mayoría de nosotros hemos crecido bajo esta amenaza invisible pero real: quizá un día te toca a ti. No te hace falta experimentar el miedo para vivir con él cada día. Si además conoces alguien a quien le ha pasado alguna desgracia, la angustia ya no vuelve a marchar nunca más. Me debato, pues, entre contribuir a hacer más grande este miedo y esta hipervigilancia o no hacerlo. Por un lado, no negaré que lo primero que pienso es que podría haber sido ella, y ahora podría ser yo quien buscara o esperara la llamada de alguien querido. Por la otra, estamos cansadas de atemorizarnos de generación en generación.

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El caso de las niñas de Alcàsser atemorizó a millones de chicas jóvenes en todas partes. Es normal, y hacemos bien de ser conscientes de ello. Es esta la herramienta de control más grande que tiene el patriarcado: esta vez no has sido tú, pero podrías. Y esta duda, esta inquietud te acompaña toda la vida y te hace consciente de tu vulnerabilidad. No porque no seas fuerte ni valiente ni atrevida ni una chica empoderada, sino porque la impunidad campa por las calles.

Este es el debate moral que se me plantea: atemorizar a una nueva generación, alertarla y condenarla a los mensajes terroríficos de siempre, o acompañar desde otro lugar. El sometimiento y el control del miedo con estos mensajes, ¿hasta qué punto nos son útiles? No hay una respuesta correcta y mágica, y probablemente se tiene que hacer todo a la vez: acompañar, alertar, dar herramientas de autodefensa, hablar y escuchar. Pero qué miedo, cuando pasan miedo las niñas que quieres.