Ágora electoral

Luces cortas, luces largas

Los países que mejor han reaccionado a esta crisis han sido aquellos que tienen más industria y más Estado. Esta tiene que ser nuestra prioridad

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Línea de producción del Cupra Formentor en la planta de Seat en Martorell.

Línea de producción del Cupra Formentor en la planta de Seat en Martorell. / EFE/Enric Fontcuberta

El Govern que salga de las urnas el próximo 14 de febrero tendrá que afrontar uno de los retos más importantes de los últimos tiempos: la salida de una crisis sanitaria mundial sin precedentes. La pandemia nos ha obligado a pararnos, y estaría bien que esta ralentización nos sirviera para replantear qué no funciona, poner las fuerzas en aquello que queremos cambiar y marcar el camino hacia donde queremos avanzar. Encontraremos pocos momentos de tanta trascendencia. Para llevar a cabo esta contienda, el nuevo Gobierno tendrá que equiparse con luces cortas y largas: las primeras, para emprender políticas claras de reactivación económica e inyectar dinero en los sectores que más han sufrido los estragos de esta crisis; las luces largas para reconducir esfuerzos hacia el modelo productivo que necesitamos y queremos como país. Y este cambio de modelo productivo tiene que ir acompañado de un debate profundo sobre el modelo de fiscalidad: tendremos que pagar más impuestos y redistribuirlos de forma mucho más eficiente. 

Si miramos más allá, nos daremos cuenta de que los estados que mejor han reaccionado a esta crisis han sido aquellos que tienen más industria y más Estado. Esta tiene que ser nuestra reflexión de futuro, nuestra prioridad. Durante años, uno de los grandes errores de la política de los gobiernos –el catalán, pero también el estatal– ha sido querer centrar esfuerzos en todos los sectores por igual. En la economía industrial, tenemos que invertir en los sectores que son más tractores en cuanto a la creación de puestos de trabajo, y también en aquellos sectores claves en innovación: si se generan más puestos de empleo, habrá más empresas; si hay más empresas, estas pagarán más impuestos, y con estos impuestos podremos pagar más Estado. 

Diez años de retraso

La ciudadanía de Catalunya tenemos que poder vivir con unos ingresos mínimos y unos servicios sociales, sanitarios y de educación públicos que garanticen un suelo social que evite que nadie quede atrás. Hace poco, el Govern en funciones defendía que el presupuesto actual de la Generalitat ya llegaba al nivel de 2010, dejando de lado el gasto covid. A pesar de que nos la quieran vender como positiva, esta afirmación lleva implícito el reconocimiento de que vamos con 10 años de retraso. Y la pandemia ha sido una muestra terrible de la política de desinversión y recortes públicos que el Gobierno catalán ha llevado a cabo en la última década. Lo hemos podido ver en los últimos meses, con el personal de nuestros centros sanitarios y residencias para la gente mayor luchando contra esta emergencia sanitaria con equipaciones y medios humanos y materiales de hace más de 10 años. Es la dura muestra de lo que supone este despropósito de recortes y desinversión. No nos hagamos más trampas al solitario. 

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