De fiesta en fiesta

El loco febrero

Miro el calendario y me da vértigo: este mes se celebra la Candelaria, el Día de la Marmota, el de Sant Valentín, el Carnaval, las elecciones y el Año Nuevo chino

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Celebración del Año Nuevo Chino 2016 en Barcelona.

Celebración del Año Nuevo Chino 2016 en Barcelona. / Jordi Cotrina

Miro a febrero en el calendario y siento un poco de vértigo. Cuántas cosas por hacer. Empezamos el día 2, con la Candelaria. Según la tradición, este día toca quitar el belén que pusimos en Nochebuena. Ya solo las abuelas conocen la razón de esta costumbre, por eso voy a recordarla: el 2 de febrero acaba la cuarentena de la Virgen tras alumbrar a su hijo. Es decir, es una celebración puerperal. Precioso. En mi casa montamos un belén multicultural y en vertical (se parece un poco a 13 Rue del Percebe) que dinamita casi todas las tradiciones. Sin embargo, lo quitamos en la Candelaria, tal vez porque seguir viendo el belén anima un poco el tan insípido y tristón mes de enero. 

El 2 de febrero también es el día de la Marmota, que no tiene nada que ver con la Virgen. Es un día en que algunos caballeros del pueblo estadounidense de Punxsutawney (Pennsilvania) se visten como en el siglo XIX para despertar de su hibernación a una marmota inocente que les dirá si la primavera está cerca. Si la marmota proyecta sombra, se pronostican seis semanas más de frío. Si no, el buen tiempo llegará pronto. El método no es ni científico ni infalible, pero nos encanta. Phil, la marmota, sale en los 'telediarios', indiferente a su fama universal. En Galicia, donde muy patriamente celebran la Candelaria, tienen su propio refrán para esto. Dice así: «Se a Candelaria chora, medio inverno vaifóra». Phil vio su sombra y la Candelaria no «lloró» en Galicia de modo que, según ambos, parece que tenemos invierno para rato.

Recomiendo para el Domingo de Carnaval, es decir, el 14-F, un disfraz que proteja bien nariz y boca y que incluya máscara de gas, o casco a lo Darth Vader.

Lo siguiente, calendario en mano, sería el bienintencionado San Valentín, el día 14, pero este año se nos ha colado en medio el Año Nuevo chino, el día 12. Menudo lío, porque ese mismo día es también Viernes de Carnaval. Si todo fuera normal, podríamos montarnos un fin de semana loco, rematado con el día de los enamorados, que es también jornada electoral en Catalunya. Me lo imagino: las rúas de Carnaval se mezclarían con los desfiles de dragones voladores. La gente iría disfrazada de Fu-Manchú o de Mao-Tse-Tung. Las monjas sexis y los Bob Esponja de cada sábado de Carnaval podrían reciclar el disfraz al día siguiente, para disfrutar de su derecho al voto. Aunque bien podría ser tendencia un disfraz de Cupido de esos con falsos desnudos de fieltro, que no queda del todo descartado dadas las presenciales circunstancias en que va a desarrollarse el 14 de febrero. Yo, de todos modos, recomiendo para el Domingo de Carnaval de este año, es decir, el próximo 14 de febrero, un disfraz que proteja bien nariz y boca y que incluya máscara de gas, o casco a lo Darth Vader.

Lo del Año Nuevo chino me encanta, por la novedad. Lo celebré por primera vez el año pasado. Me gustó tanto que este año pienso empezar a medianoche, abriendo las ventanas para dejar ir todo lo malo del año anterior. A continuación me prepararé a recibir con optimismo el nuevo año. Prohibiré hablar en pasado. Durante 24 horas, solo estará permitido conjugar el futuro, lo cual este año no será difícil: los viajes que haremos, los lugares a los que iremos, los restaurantes donde cenaremos, los abrazos que daremos, los amigos a los que volveremos a ver… En casa ya no hay niños pequeños, pero ese día los adolescentes no podrán ser amonestados, hagan lo que hagan. Y, mientras tanto, repartiremos tarjetas rojas de la fortuna y trataremos de escuchar lo que nos dicen. En la del año pasado, que conservo, ponía: «No seas demasiado dura contigo misma. Tómate las cosas con calma». Resultó todo un oráculo.

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