Memorias de Barcelona

'Le parapluie'

Me alegra que Pasqual Maragall esté de nuevo en los carteles con el estreno de 'Maragall i la Lluna', porque no andamos sobrados de referentes

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Pasqual Maragall.

Pasqual Maragall. / Agustí Carbonell

Última hora de la tarde. Empieza a apagarse el día y se encienden, a saltos, las farolas. Salgo del cine. Camino calle abajo. En mi cabeza, todavía, la música de Brassens: “Un petit coin de parapluie/ contre un coin de paradis”. Poco a poco va pasando de la cabeza a los labios. Me atrevo a cantarla, apenas un susurro. Y como queriendo regalarme el escenario adecuado, empieza a llover. Lluvia fina. Acelero el paso y se acelera, al tiempo, el ritmo de la lluvia. Las gotas, con fuerza, sobre mi cabeza. Resbalan por mi frente y desembocan en la punta de la nariz. Me digo que da igual, que no hay lavado que valga. Que por mucho que se empeñe la nube que descarga, no conseguirá borrar las imágenes que, junto a la canción, han quedado grabadas a fuego -a fuego y agua- en mi memoria: Pasqual Maragall y Sílvia Perez Cruz cantando (¡y bailando!) juntos, en el salón de la antigua casa familiar; a su lado, Diana Garrigosa, (de la que el próximo miércoles se cumplirá un año de su fallecimiento; para ella, mi cariñoso y agradecido recuerdo), lúcida y valiente, parece feliz; Lluna Pindado, la Lluna de Roquetes, ahora adulta y actriz, acompaña al piano 'Le parapluie', que Maragall recuerda nota a nota, palabra por palabra. 

Esta es la última secuencia del documental 'Maragall y la Lluna', que estos días se puede ver en los cines. Un filme muy recomendable para quienes se aprestan a revisar de manera crítica el pasado reciente y a poner en orden los recuerdos, pero también para aquellos que, sin haberla vivido, han oído de otra Barcelona y otra Catalunya de vaivenes y contrastes, de momentos espectaculares (Olimpiadas del 92) y conflictos irresueltos (Estatut del 2006). Un filme al que habrá que acudir repetidamente para rellenar los huecos (silencios, infundios, tergiversaciones) de la historia oficial. Un emotivo retrato del Maragall alcalde y del Maragall 'president', pero también del Maragall más cercano. El de las “maragalladas” ilustres. El de hoy en día, tan injustamente alejado de sí mismo.

La película se ha estrenado coincidiendo con la campaña electoral. A mí me alegra que, en estos momentos, Maragall esté de nuevo en los carteles. No andamos sobrados de referentes. Atento a la pantalla, recordaba la sentencia de Cicerón (que ocupaba, y no casualmente, la butaca de al lado): “No podemos cambiar el pasado, pero podemos prever el futuro”.  

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Llego, empapado, a la puerta de mi casa. La lluvia se ha ensañado conmigo. 'Le parapluie' sigue en mi cabeza, pero de poco sirve sino es en la palma de la mano. Una última mirada a la calle. Veo la publicidad electoral. Recuerdo los versos que otro Maragall, el abuelo poeta, escribió, referidos a la sardana. Me animo a proyectarlos en el presente de un país en víspera de elecciones: “…Ja es decanta a l’esquerra i vacil.la,/ ja volta altra volta a la dreta dubtant/ i se’n torna i retorna intranquil.la/ com mal orientada l’agulla d’imant”.  

Expectante, y a la vista de la que está cayendo, me encierro en casa.