Estrategias contra el virus

Imitemos para no cabalgar más olas

Seguimos empeñados en las medidas laxas, nos resignamos a un marco mental que nos prepara a cabalgar ola tras ola de pandemia hasta la vacuna y a renunciar a políticas exitosas en otros países

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Terraza de un bar en la plaza de La Virreina, en Barcelona.

Terraza de un bar en la plaza de La Virreina, en Barcelona. / RICARD CUGAT

Imitar. En el arte, la persona que se forma ha de entender la imitación como una fórmula de aprendizaje. Con estas palabras la célebre autora Ursula K. Le guin denunciaba en ‘Conversaciones sobre la escritura’ que “estamos desaprovechando las oportunidades que nos ofrece la imitación" y es imposible no trasladar su reflexión a la cotidianeidad.  Desde lo más profundo de nuestro ser buscamos referencias para crecer y mejorar en nuestro entorno, estamos programados para ello, y la ciencia nos ha llevado incluso a transformar nuestra humanidad a través de la biotecnología para convertirnos, si así queremos, en cíborgs. Donde no llega nuestra percepción sensorial, un gadget implantado en nuestro sistema neurológico puede. Captar la humedad del aire, o sonidos lejanos, se logra con artilugios ideados a partir de aquellos mecanismos que funcionan en otros animales, como los murciélagos. Y esta imitación extrema no se desarrolla en la ciencia ficción, sino en un local de Barcelona. Está aquí y entre nosotros.

Mirar alrededor para crecer y cambiar con prèstamos ideológicos también empuja leyes, y estos días lo vimos con el movimiento trans, que da pasos de gigante simultáneos con todo el mundo. Si Alemania nombra a una persona trans comandante del Ejército por primera vez, España impulsa su ley en reconocimiento del género inspirada en políticas similares de Portugal y Malta. La globalizaciòn también ha servido para esto.

El confinamiento estricto

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Así las cosas, que el proceso de lucha contra la pandemia en España se haya enredado como lo ha hecho es contra natura. Cierto es que los primeros meses fueron los de la confusión, los de la prueba-error: Cada nuevo paso en la cadena para lograr la inmunidad tiene su recorrido. Pero en lo que a la transmisión del virus se refiere, el "Quédate en casa", la distancia social y la higiene se mantienen como la mejor garantía para evitar la propagación hace meses. Todos los países han probado estrategias, en un principio, con distintos niveles de éxito. Un año de lucha nos ha enseñado ya que PCR, rastreadores y confinamiento estricto y rápido son la mejor solución incluso para la economía, ese daño colateral que nunca imaginamos que sería tan doloroso. Miremos a Nueva Zelanda, a Australia. No han empezado las vacunaciones, pero no tienen la urgencia que vivimos en Europa.  Hace unos días, un caso de covid comunitario volvió a darnos una lección con un confinamiento estricto de millones de personas durante 5 días. Su primer confinamiento duro se extendió por 50 días, y las burbujas no podían interconectar, pero frenaron la primera ola con un pico de 458 contagiados a finales de marzo. Su récord de muertos lo tuvieron en la segunda ola, con 59 fallecidos en un día de septiembre. Melbourne, con cinco millones de habitantes, se sometió a un confinamiento de 112 días. Y mientras, nosotros, seguimos moviendo las líneas rojas de las restricciones, con cuatro o seis comensales por mesa en terraza, con una hora más o menos en la franja abierta… y esperando a que las vacunas nos inmunicen....soltamos un poco la soga al cuello de los sectores más dañados, pero la economía debería haber organizado otra forma de oxígeno en forma de créditos directos, ventilación asistida, y no medidas de impacto psicológico que nos tienen bailando una yenka eterna y no evitan nuestra fatiga pandémica. 

Porque seguimos empeñados en las medidas laxas, porque nos resignamos a un marco mental que nos prepara a cabalgar ola tras ola de pandemia hasta la vacuna, vivimos una derrota del sentido de imitación de la vida.