El legado de la Administración de Trump

Biden y Xi ante las trampas de Pompeo

El presidente de Estados Unidos pretende encontrar áreas de cooperación con China para frenar el deterioro de las relaciones entre los dos países

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El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo.

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo. / EP

Las decisiones de Mike Pompeo en su última semana como secretario de Estado pretendieron a todas luces dificultar las relaciones entre Joe Biden y Xi Jinping. Fueron regalos envenenados para imponer a Biden la agenda china y no dejarle concentrarse en la resolución de problemas internos de Estados Unidos, como dijo el presidente antes de tomar posesión. Pompeo declaró que Pekín comete un genocidio en la provincia noroccidental de Xinjiang contra los uigures y otras minorías musulmanas y levantó todas las restricciones que limitan los contactos entre funcionarios de EEUU y de Taiwán desde 1979, cuando Carter estableció relaciones diplomáticas con la República Popular y las rompió con Taiwán en reconocimiento del principio de “una sola China”. 

Además, para dar ejemplo y tal vez postulándose para las elecciones de 2024, el exjefe de la diplomacia trumpiana quiso enviar a Taipéi a la embajadora en Naciones Unidas Kelly Craft. Cuando su departamento canceló todos los desplazamientos de los funcionarios, promovió una videoconferencia entre Craft y la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, algo que nunca había ocurrido.

La reacción de Pekín se produjo minutos después de que Biden jurara su cargo: decretó sanciones contra Pompeo y otros 27 funcionarios de la Administración de Trump que “interfirieron gravemente en los asuntos internos de China”. Ni ellos, ni sus familias, ni sus empresas pueden visitar ni hacer negocios en China, Hong Kong y Macao. 

Las relaciones entre China y EEUU son fundamentales para enfrentar los grandes retos globales, desde el cambio climático a las pandemias, pasando por el terrorismo internacional o el riesgo de una guerra nuclear. La politización de los problemas dificulta su resolución y el necesario entendimiento a nivel interno de las medidas que allanen el camino de la reconciliación bilateral. 

Las sanciones chinas son casi simbólicas –una portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Biden las tachó de “improductivas y cínicas”–, pero revelan el estado de ánimo de Pekín, harto de las actuaciones e insultos de Trump y sus allegados. Taiwán, considerada por Pekín una provincia rebelde, es la línea más roja de la diplomacia china, que en estos cuatro años ha visto como EEUU incrementaba su apoyo militar a la isla y en el último le vendía 5.000 millones de dólares en armas, incluidos drones, sistemas de defensa costera, misiles y artillería. 

La decisión de Pompeo, calificada de “peligrosa e imprudente” por Michael Swaine, director del programa de Asia Oriental del Instituto Quincy, contaba con el precedente de la ley de garantías de Taiwán, aprobada en 2020 con apoyo bipartidista. De ahí, los inconvenientes de Biden a la hora de revertirlas. Contentar a Pekín -un editorial del oficialista 'Global Times' le exige abolir de inmediato lo adoptado en el “reciente ataque sorpresa”- puede mostrarle como débil no solo ante los republicanos sino también ante sus propias filas demócratas.

Taiwán se ha convertido en el punto de máxima fricción entre Washington y Pekín

Biden dijo durante la campaña electoral que mantendrá una política firme hacia China en cuanto a los derechos humanos y a la situación de Hong Kong, donde con la nueva ley de seguridad se siguen produciendo detenciones por los pasados meses de disturbios y manifestaciones. También pretende encontrar áreas de cooperación con Xi Jinping para frenar el deterioro de las relaciones entre los dos países y tratar de estabilizarlas.  

El 14 de enero, el neoyorquino Consejo de Relaciones Exteriores elevó a nivel 1 (el máximo) la posibilidad de un conflicto bélico entre EEUU y China por Taiwán. Para no echar leña al fuego, la presidenta Tsai no ha comentado las medidas del exsecretario de Estado, aunque otros muchos políticos de la isla las han celebrado. “Las mentiras y el veneno que Pompeo ha esparcido a lo largo de estos años inevitablemente serán arrastrados con él a la basura de la historia”, dijo la portavoz del Ministerio de Exteriores Hua Chunying. 

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Pekín parece haber pedido a la Administración de Biden resetear las relaciones e iniciar un nuevo periodo de colaboración. Está por ver, sin embargo, si en este año en que se celebra el centenario del Partido Comunista Chino adoptará un enfoque de cooperación o de confrontación. 

La competencia chino-estadounidense en comercio, tecnología y seguridad ha desembocado en una rivalidad geoestratégica que se ha convertido en un problema fundamental a nivel global, con ambos países exigiendo lealtad a sus socios, muchos de los cuales mantienen excelentes relaciones con los dos y no quieren verse en la tesitura de elegir. En esta situación, el desafío de Pompeo vuelve a convertir Taiwán en el punto de máxima fricción entre Washington y Pekín, antagoniza a China y está en contra de los intereses de EEUU, China, Taiwán y el mundo.