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Colau y Albiach

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La cabeza de cartel de En Comú Podem en las elecciones catalanas del 14-F, Jessica Albiac.

La cabeza de cartel de En Comú Podem en las elecciones catalanas del 14-F, Jessica Albiac. / EFE / Enric Fontcuberta

Joan Tardà confiesa en su reciente libro 'En defensa pròpia' el disgusto que le dio la 'compañera' Colau tras su pacto com Valls para desbaratar un acuerdo con Ernest Maragall, a la postre ganador de las elecciones.

El sueño humedo de Tardà era una entente entre republicanos y Comuns. Por eso confiesa que el "peor desasosiego" del último ciclo político fue ver cómo Ada Colau aceptaba la investidura envenenada de Collboni con los votos de Manuel Valls. La paradoja hiriente es que el partido nacido del 15-M acabó reteniendo la alcaldía gracias al partido "financiado por los fondos Black", como relata Tardà.

Tardà ha sido víctima de una campaña de linchamiento visceral por parte del independentismo de signo populista. Le han amenazado, insultado y difamado sin tregua ni cesar. Precisamente por defender, entre otros, un acercamiento y acuerdos con los Comuns como también ha hecho de manera significativa Òmnium Cultural. Una propuesta que luego ha hecho oficialmente suya ERC con la llamada Vía Amplia que parecen rechazar Colau y Albiach.

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Pero la peor enmienda a Tardà no ha sido esa vergonzosa campaña para amedrentarlo, que tiene como protagonista a un populismo exacerbado con pedigrí de nuevo cuño. Pues no. La peor desautorización a su propuesta estratégica se la han hecho los Comuns, aceptando el cordón sanitario del PSC en Barcelona contra los republicanos.

Albiach y Colau deberían empezar a plantearse qué quieren ser. Si la muleta del PSC como antaño ICV o un partido atrevido como el que proyecta Pablo Iglesias. Deberían tomar ejemplo del tesón y convicciones del líder de Unidas Podemos. De hecho, los Comuns llevan camino de empequeñecerse más que ICV. Un día soñaron con disputar la hegemonía al PSC y ahora luchan por mantener grupo parlamentario, desangrándose ante el PSC y con un goteo constante de votos que les levanta ERC. Tardà debería ser su ejemplo. Los costes personales por no plegarse a las directrices del populismo independentista están ahí. Son evidentes. ¿Serán capaces Albiach y los suyos de emanciparse de la tutela del PSC o seguirán asumiendo el papel de apéndice?